martes, 3 de marzo de 2015

Perdona... Ama... Abraza...


Salí a caminar como de costumbre. Entre la multitud desconocida, me llamó la atención reconocer algunos rostros y para mi mayor asombro, de a poco pude ver en ese gentío, a todas las personas que de alguna manera, habían pasado o estaban en mi vida. ¡Ya no veía a extraños a mi alrededor! Pude notar que algunos, caminaban muy cerca de mí en el mismo sentido que yo iba; otros, también

domingo, 1 de marzo de 2015

Reflexión VI: Desencontrados...



El mundo está lleno de corazones que fueron hechos el uno para el otro. Pero el mundo es inmenso. Lo mismo que la cantidad de seres humanos que lo habitan. Las distancias son enormes. Las circunstancias de vida, singulares e infinitas. El tiempo que tiene cada uno, limitado y efímero. Por eso, las posibilidades de encontrar ese corazón que late fuera, pero que es la otra mitad del nuestro, son prácticamente nulas… La realidad de ese encuentro, sólo puede concretarse por intervención de la acción divina, es decir, por un milagro. 


El mundo está lleno de corazones "desencontrados", que laten su medio latido y viven a medias, sin encontrar su otra mitad que en otro rincón del mundo, experimenta exactamente lo mismo. Por esa razón, y con la intención de que ese dolor tan profundo sea mitigado, la mayoría, la inmensa mayoría de los mortales, busca en su soledad, otro corazón, no el que late al unísono, sino otro que se siente tan dolido y solo como el suyo.

Ahora, podríamos cuestionar qué crueldad tan mayúscula es esta. ¿Por qué si Dios creó dos corazones que son el uno para el otro, lo más posible es que jamás se encuentren en el camino de la vida? Pues verán, tras largos e intensos años de experiencia y reflexión profunda, comprendí que el amor jamás será mediocridad, aunque intenten vaciarlo de su contenido nombrándolo aquí y allá de mil maneras. Tampoco se conformará con la mediocridad. El hecho es que cuando estos dos corazones al fin se cruzan, lo más sublime del universo, acontece. Y lo más sublime del universo, es el amor eterno, incondicional, sin sombras, sin dolor y sin heridas.


Se preguntarán si acaso es posible que exista en este mundo tan oscuro y superfluo, tal amor… Y yo digo que sí, que es sin lugar a dudas posible porque son posibles los milagros. De otro modo, sé que hay un Corazón que se ha dejado herir latiendo por cada uno de nosotros pero individualmente, personalmente. Y este Corazón no anda perdido por algún rincón lejano e ignorado, sino que recorre calles y casas, montañas y valles, ríos y mares, inquieto por encontrarse cara a cara con ese otro corazón que ama tan profundamente y que se le escapa porque ignora que Él anda buscándolo por todos los caminos y sin descanso.

Porque ese Corazón me ha encontrado en el camino de mi vida, sé que existe la posibilidad de amar de un modo pleno y perfecto, tal y como Él me ama. Y he concluido en que el amor verdadero, en definitiva, se realiza primero en el milagro supremo de este encuentro, porque es entonces que mi corazón herido, cicatriza, deja de doler, late con Otro y ya no se encuentra en esa soledad. Sólo entonces, se encamina libre y confiado, sin importar adónde y sin importar cuándo sucederá, porque sabe… que hallará otro corazón latiendo al unísono del suyo y sanado por el mismo amor. La herida del amor en el corazón humano, sólo puede ser sanada por el Corazón de Dios.




miércoles, 18 de febrero de 2015

Camino del sol



Cuando llega la lluvia en primavera

La tierra reverdece y las flores aroman

Con su fragancia tenue

De novedades que discurren en la brisa.

El amor se dilata en las praderas,

El sol al fin lo encuentra, sonrojado

Y lo ilumina todo, disipando la niebla.



No queda oscuridad, no queda ruido

Pues el canto del amor, dulce sonido,

Recorre al punto, de un extremo al otro

Sube a lo alto de los cielos, en las nubes

Y se abaja hasta la flor más diminuta.



No hay pequeñeces en amar,

Todo es grandeza, pues todo lo transforma

Como el pincel colorido del pintor

Va retratando un rostro sonriente y ameno

Así el amor pinta con sus colores nuevos

Las risas en los rostros y el brillo de los ojos.



Se encuentran los amados bajo el cielo,

Y refulgen las miradas, que embelesan.

El alma que al amor dulce se entrega

Lleva ligera carga, para correr muy presta

Al llamado de aquel que la acaricia

Con solo pronunciar su nombre.



Y tú, mi pequeña, que fuiste en alas del amor

levantada de la tierra y que has dejado huellas camino del sol

hoy has de saber

Que sola ya nunca podrás regresar;

Busca en el que amas, las huellas que faltan

Camino del sol.

jueves, 12 de febrero de 2015

Reflexión V : A la vida, con amor

Aquel fue un día especial... el día en que nacimos.  La primera vez que nuestro ser fue expuesto desnudo, simple y sin disfraces ante el mundo.  Nacer, es salir de la oscuridad del vientre, a la luz; por eso se dice que nuestra madre "nos dio a luz".  Pero fue en lo escondido, en el silencio, donde se forjó esa vida nueva, única e irrepetible.
¿Cuántas veces, el silencio nos reclama a lo largo del camino?... pero seguimos de largo, inmersos en el ruido y en la monotonía.  Nada bueno se gesta en la vorágine, por el contrario, allí es donde encontramos poco a poco la muerte, y sólo eso: vacío y soledad.
A veces me pregunto qué había allí, en ese silencio y simplicidad, donde cada pequeña célula de mi cuerpo, iba multiplicándose.  Donde se formaron mis huesos, mi carne y mi sangre.  En el silencio.
¿Puede el ruido engendrar algo más que ruido y desasosiego?  Pienso que es natural que existan esas ansiedades y angustias en nuestro espíritu en los tiempos que vivimos, porque nuestro ser está habituado desde el principio de su existencia, al silencio.  Nuestro espíritu clama por la necesidad del silencio, porque es allí donde Dios nos sigue creando y recreando incesantemente.  Suelo decir que hay que buscar las respuestas no fuera, sino dentro de nosotros mismos.  Y cierta estoy de que lo digo en este sentido.  Si nos convencemos de que el silencio y la soledad son sólo pérdida de tiempo, que debemos vivir la vida atiborrados de ruidosas emociones, de compañías vertiginosas, es porque aún no hemos aprendido lo esencial.  Si pensamos que necesitamos de "otro" o de las cosas para que nuestra vida sea sensiblemente vivida, viviremos dispersos, sin hallar el sentido verdadero y profundo.  Recorreremos un camino de sombras, de "no" respuestas, de "no" búsqueda, y en definitiva, de "no" aprendizaje.
El silencio es maestro de sabiduría, porque nos prepara interiormente para el encuentro cara a cara con la Sabiduría.  No huyamos entonces.  ¿Por qué no aprender el valor de la quietud?  Quietud del alma, del cuerpo y de los sentidos.  No deberíamos negarnos esta experiencia transformadora: la de encontrar un lugar dentro de nosotros, donde no es preciso oír ni ver lo exterior.  Abrir el corazón para dejar entrar la luz.  Antes, fuimos expuestos a ella forzosa y dolorosamente.  Ahora, ella nos reclama desde adentro.

martes, 13 de enero de 2015

Reflexión IV Cuántas veces...

¿Cuántas veces la desilusión, el desengaño, han dejado marcas dolorosas en mi vida? La misma cantidad de veces en que me he ilusionado vanamente. Ilusión, es sólo eso: una fantasía, una imagen carente de realidad.  ¿O no?

¿Cuántas veces, me he propuesto a mí misma, ya no ilusionarme? Tantas como aquellas en que me sentí herida por la desilusión.


Y sin embargo, soy un ser lleno de ilusiones. No porque me guste sufrir, no es eso. Pero soñar e ilusionarme es parte esencial, característica e impronta de mi ser. No sería yo, sin ilusiones, aunque sea consciente de que caeré una y mil veces en la desdicha por esta causa: es un riesgo que prefiero correr indefectiblemente antes de arrojar mi vida al vacío de no sentir, de no soñar.

No tiene, creo, nada que ver con la libertad, aunque elijo libremente, abrazo con anhelos siempre renovados esta forma singular de sentir la vida y de experimentar la realidad. Digo singular, porque encuentro en mí tantos puntos de vista diferentes a los del común de la gente. La mayoría de las personas con las cuales comparto mi tiempo, piensa que hay que conformarse con mucho menos, priorizan por temor, las metas fáciles y alcanzables, olvidan las utopías, se cansan de luchar, dejan de ser pertinaces y se acostumbran a eso que en la vida, deja sabor a poco o a nada. Y digo "dejan", porque en su juventud, sé que esperaban otra cosa, mucho más de la vida.

En cambio, yo elijo y siempre elegiré las utopías, lo inabarcable, lo que me deja frente a un horizonte de nuevas expectativas; no importa que al mundo entero le parezca pequeño, inútil, o totalmente sin sentido. Elijo y siempre elegiré, ser yo misma, a pesar de las dificultades. No renuncio a ser diferente, a ser creativa, a pensar diferente e intentar hacer las cosas de un modo único dentro de mis posibilidades. ¡Y es claro! Mis limitaciones también son mías. No podría ignorarlas, porque ahí están, siempre presentes, poniendo una barrera, un muro a mis aspiraciones más profundas. Pero aún ellas, no son impedimento para mis sueños. Al fin y al cabo, si eso son, ¿quién pudiera impedirlos si yo misma los acojo, les doy vida interior y los expreso luego en cuanto hago, digo o pienso?

A veces, no pocas, siento un regocijo inexplicable y breve, sólo por un instante, como una brisa fresca y renovadora. 
Significa entonces, que la llave de la ilusión, está a punto de abrir otra puerta...

lunes, 12 de enero de 2015

Esto escribía allá por 2012, al acabar mi carrera de profesorado

Queridos amigos 

Estamos concluyendo una etapa más de nuestra vida. Este hecho me lleva inevitablemente a rememorar los comienzos. Esos primeros pasos vacilantes que di en FoBa. Sé que cada uno tiene una historia de vida particular para contar, que cada uno ha vivido cosas distintas y que en definitiva ninguno de nuestros relojes marca el mismo instante... aunque nos hallamos cruzado en un punto común del camino para transitarlo juntos. Cada uno llegó acá con anhelos diversos, con quién sabe qué expectativas. A mí me tocó llegar gracias al empujoncito que me dieron mis amigas, aquellas que fueron testigos en el pasado de que había en mí ciertas habilidades para dibujar y para las tareas manuales. No contaba con la confianza de mi familia y eso pesaba mucho sobre mí y debo confesar que hizo muy difícil la decisión de inscribirme. 

domingo, 11 de enero de 2015

Canto de mi vida / Año 1993

Encontré uno de mis viejos escritos, y quería compartirlo en éste, mi espacio.  Tenía 15 años cuando me expresé con estas palabras, sin entender bien qué quería decir.



He tomado tres flores del valle de la decisión, las guardé y olvidé dónde las había guardado.  Al fin, llega la hora de encontrarlas y aspirar su perfume.

Qué extraño, no se han marchitado sus pétalos, parecen frescas... como recién cortadas.
¡He pasado tantas noches, he caminado tantos desiertos interminables!  Y olvidé tantas cosas que me eran imprescindibles.  Sin embargo, pude darme cuenta mientras andaba de que una sóla cosa precisaba saber: cuál era la meta.

viernes, 2 de enero de 2015

Reflexión III Cuando parece que la vida sólo golpea

Esto que voy a decir, hasta parecerá injusto y sin sentido. y es así porque vivimos en una sociedad hedonista (1), donde la búsqueda exacerbada del placer lo es todo... Pero, quien no ha experimentado que en determinada etapa de la vida ésta parece empecinarse en sólo propinarnos golpes y desolaciones casi sin mezcla de consuelo alguno, aún no está suficientemente maduro, aún le falta algo esencial por vivir.  

A ver, pongámonos en situación: no tienen por qué ser golpes excesivamente duros, pero sí continuos, tal que pareciera que no nos da tiempo a respirar, a recuperar el aliento y ¡zas!, nos asesta otro sin que hayamos sido capaces de verlo venir.  Luego de pasar por esta etapa, nuestro espíritu queda prevenido y alerta.  Y si logramos hacer consciente lo que nos ha sucedido, es posible que podamos sacar mucho provecho de ello.  De lo contrario, ese sufrimiento se tornará insoportable, razón por la cual, nuestro humor se volverá advenedizo, padeceremos sentimientos de frustración, de lucha infructuosa, de desconfianza y en definitiva y en el peor de los casos, caeremos en una completa desesperanza y depresión.  ¿Quién no ha conocido personas que reaccionan así a estos golpes continuos de la vida?  O quizás, no haga falta buscar lejos, sino en nosotros mismos.  Este es el fruto del "no" aprendizaje y de la "no" aceptación.

El fruto del aprendizaje, es, como dije antes, la toma de consciencia, la aceptación, encontrar la paz en medio de la tormenta, y no buscando con desespero que ésta acabe.  Saber sacar provecho de estas situaciones, implicará que nos convertiremos en personas más fuertes, mejor provistas para el combate, más expertas y sobre todo, más humanas y más sensiblemente vivas.  En la vida en general, hay una alternancia de situaciones que llamamos buenas o malas. Somos nosotros quienes las identificamos o definimos según el modo en que nos sentimos al pasar por ellas.  Esto no significa que lo que consideramos malo, lo sea en un sentido objetivo y pleno. Tampoco aquello que consideramos bueno. Tenemos natural tendencia a subjetivarlo todo, hasta que despertamos a una realidad más elevada y espiritual y comenzamos a ser capaces de entender que ni todo es tan malo como lo pensamos, ni todo es tan bueno.  Empezamos a apreciar los detalles y también la simplicidad detrás de cada situación.  

Podemos ver que en la vida pasa de todo, que hay un momento indicado perfectamente para cada cosa.  Un equilibrio sostenido por una realidad muy superior a nosotros y a nuestro modo de ver y percibir.  Cuando descubrimos esto, ya nuestra perspectiva será otra, acabarán los ¿por qué? y comenzarán a dejarse oír los ¿para qué? Preguntarse lo primero, es frustrante, agotador y su respuesta nunca nos satisfará.  Preguntarse lo segundo, es abrirse a la posibilidad de lo inabarcable, del misterio amorosamente abrazado aún sin una completa comprensión de los hechos, a la confianza y abandono total, que no significa otra cosa que estar en paz con nosotros mismos, con los otros seres y con la vida.

Nuestra vida en este mundo, es un camino de continuo aprendizaje.  Si creemos esto, entonces es más sencillo comprender que no debemos buscar demasiadas respuestas, ni investigar acerca de diversidad de temáticas, ni dispersarnos en la elaboración de intrincadas hipótesis o teorías que de ninguna manera llegarán a darnos la certidumbre de haber al fin alcanzado la verdad, dando una respuesta infalible a nuestras dudas existenciales.  Eso es una pérdida de tiempo y energías.  En cambio, busquemos dentro de nosotros, sumerjámonos en las profundidades de nuestro ser.  Entre todas las preguntas posibles, quedémonos con sólo una...  He ahí el camino más directo, más simple y perfecto.   

No quiero dejar de mencionar a los grandes místicos, como San Juan de la Cruz, que tanto me han enseñado acerca de estas cuestiones.  Él ha denominado a estas etapas de duras pruebas que se prolongan en el tiempo a veces por años, como "noches oscuras".  Incluso, hilando más fino, este sabio ha logrado diferenciar entre la noche oscura del sentido y la noche oscura del espíritu.  La primera, siempre precede a la segunda y tiene más que ver con el nivel material de nuestra existencia.  Por la primera, pasamos generalmente todos.  Por la segunda, sólo aquellos que están llamados a una unión más profunda con la divinidad. La sabiduría, no está acotada a un tiempo y espacio determinados, sino que es aplicable a cualquier momento histórico o situación.  Los escritos de San Juan de la Cruz, son difíciles de desentrañar para las personas dadas al materialismo, por lo tanto, para nuestra sociedad, son como un enigma incomprensible, es por eso que tanto recomiendo su lectura, porque nos dará una visión clara de cuál es el camino que estamos siguiendo, más allá del credo que tenga cada uno. Y por último, dejo a continuación un texto que ha marcado mi vida desde que era una jovencita.   

San Juan de la Cruz. Para poseer el TODO

Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada.
Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.

Para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.
Para venir a lo que no posees,
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.

MODO PARA NO IMPEDIR AL TODO

Cuando reparas en algo,
dejas de arrojarte al todo.
Porque para venir del todo al todo,
has de negarte del todo en todo.
Y cuando lo vengas del todo a tener
has de tenerlo sin nada querer.
Porque, si quieres tener algo en todo,
no tienes puro en Dios tu tesoro.


En esta desnudez halla el espiritual su quietud

y descanso, porque no codiciando nada, nada

le fatiga hacia arriba y nada le oprime hacia

abajo, porque está en el centro de su humildad.

Porque cuando algo codicia en eso mismo se

fatiga.





San Juan de la Cruz. Subida 1,13,11-13



(1) El hedonismo es la doctrina filosófica basada en la búsqueda del placer y la supresión del dolor y de las angustias, como objetivo o razón de ser de la vida

miércoles, 31 de diciembre de 2014

UN NUEVO AÑO... ME PREGUNTO QUÉ TRAERÁ CONSIGO.

Ha pasado un año lleno de dificultades, no lo puedo negar. Hubo mucho por lo que lamentarse y llorar, pero ha llegado a su fin.  Podría seguir de largo, no hace falta detenerse porque el tiempo y los días, no lo hacen.  Pero el ser humano, en algún momento de la historia, decidió dividir el tiempo de su vida en años, en meses, en días, en horas... Más o menos atinadamente, en todas las civilizaciones, se ha dado esta separación.  La naturaleza, con su día y su noche, nos marca el fin y el comienzo de un nuevo día.  Nosotros, le damos un sentido más pleno a ese suceso que como digo, es natural.  Y se lo damos, porque de alguna manera, en ello nos va la vida.  Cada vez que el sol se pone, sabemos que nos queda menos tiempo.  Cada vez que el sol se asoma, sabemos que, se nos ha dado el privilegio de despertar a la vida un día más.
Si bien ha sido un año lleno de vicisitudes, lo ha sido también de aprendizajes, de experiencia ganada en los aconteceres cotidianos.  La vida es un poco eso: camino, aprendizaje, experiencia. 

Debo añadir que hubo de todo, porque he aprendido a disfrutar de los pequeños detalles, a apreciarlos y a agradecerlos.  ¿Qué sería de nuestra vida sin ellos? Una completa y continua desazón, porque el corazón humano, está hecho para ambicionar grandezas, para volar alto...  Si se contenta con menos, es porque la persona ha perdido el sentido y el valor de lo que realmente es.  Y lejos estoy de pensar que esas "grandezas" y esos vuelos altos, tengan que ver con cosas materiales: todo lo contrario.  Lo material, es lo más bajo a lo que puede aspirar y llegar a poseer el hombre.  Necesitamos cosas materiales, claro está, sin algunas de ellas, sería imposible nuestra vida.  Hablo de alimentos, de vestimenta, de un refugio donde guarecernos de las inclemencias del clima.  Pero ambicionar lo demás, sólo por ambicionarlo, nos deja vacíos, nos vuelve menos humanos, menos capaces de apreciar lo sublime, lo esencial.  He ahí una trampa continuamente tendida a nuestros pies.  Por eso, hemos de volar alto, para que nada ni nadie nos ate, ni nos esclavice obligándonos a vivir una vida de mediocridad.

Comienza un nuevo año, veámoslo como una nueva oportunidad.  Si mañana vemos asomar el sol, demos gracias por otro día que nos han regalado.  Caminemos sus horas, como peregrinos, como personas que saben que tienen un destino mayor, una meta suprema por alcanzar.  ¡Y no nos conformemos con menos!  ¿Habrá dificultades?  Por supuesto.  ¿Tendremos mucho que sufrir?  Pues, ¡claro!  Pero vayamos acostumbrándonos a descubrir que no sufrimos vanamente.  Que de esta manera podemos aprender a ser personas humildes, compasivas, sabias, cordiales, respetuosas de los otros, de la vida en todas sus manifestaciones, pero sobre todo, de la más débil y necesitada.  Recordemos que no sabemos si en algún momento, nosotros mismos o un ser querido se hallará en esa penosa situación.  Pensemos... ¿cómo querríamos que nos traten de ser así?  Por eso, elijamos proteger al débil, al indefenso que es, por lo general, aquel a quien todo el mundo desprecia.  En ese ser, hay un alma tan noble, tan valiosa y digna como la tuya, como la mía.  Seamos sembradores de paz allí donde nos encontremos, y sin alardes.  Con los más ínfimos gestos, que el resto de las personas sea incapaz casi de notar, seamos hacedores de grandes cambios en nosotros mismos, primero, y luego en nuestro entorno.
Les deseo un año lleno de luz, de paz, de sabiduría, de esperanza...  Tengamos mucha esperanza, porque sin ella, todo pierde sentido.  ¿Y el amor?  No lo nombremos tanto, no le quitemos su profundo y verdadero significado.  ¡Vivámoslo en lo concreto!  

sábado, 27 de diciembre de 2014

Una forma distinta de vivir la Navidad

Esto lo escribí especialmente para las personas de mi querido grupo de PAS y empáticos con quienes compartimos un modo singular de sentir la vida y de ver la realidad.  Quería también compartirlo en mi blog. (25/12/2014 por la noche)
Mis queridos amigos:
Estuve leyendo y releyendo comentarios y publicaciones, ¡cuánto remueve en nuestro interior esta fiesta de Navidad! Espero también se hayan dado cuenta de este detalle. Me parece que hay un torbellino de sentimientos, alegrías, nostalgias, temores, ansiedades y hasta de angustias, algunas medio reprimidas y pujando por salir a ventilarse y ver el sol.
También para mí, es importante descubrir de qué manera me toca el corazón tan profundamente, lo quiera o no, lo reconozca o no. ¿Quién no ha experimentado alguna vez la negación? Me refiero a la propia, porque de la de los otros, enseguida nos damos cuenta, pero cuando alguien nos dice que estamos viviendo una negación, persistimos en que no es así. Digo, generalmente. Al menos, a mí me pasa.
Fue muy fuerte esta Navidad para mí. Lo fue viviéndola en soledad, porque elegí que así fuera, aunque no pude abstraerme del todo de los festejos ajenos, porque los vecinos hicieron gran jolgorio. Pero pude meditar acerca de mi forma de ser, de por qué ellos estaban allá, festejando y yo había decidido algo distinto. Entonces, cuál es mi manera, tenía que descubrirla aunque contaba ya con algunas pistas. Comencé a pensar, como ya he dicho antes, en la primera Navidad, sin ruidos, sin comilonas, en penumbras y pobreza. Era lo que yo anhelaba en mi interior, pero sabiendo que no es fácil, que mi sensibilidad tira para un lado, pero que mi mente no siempre acompaña sus razones, ¡pero es que no las tiene! He ahí lo que descubrí: mi sensibilidad, no tiene razones, simplemente "es", no admite discusión alguna. Y es así que si yo no la elegí, igual es mía, y convivimos juntas desde que tengo el ser. Que las decisiones que tomo, están condicionadas por ella, pero no determinadas. Podría haber elegido en función de la razón, de las convenciones sociales, pero elegí en función de lo que siente mi corazón, a sabiendas de que no sólo es lo mejor para mí, sino para los otros. Los que tienen que ver mis caras largas en las fiestas y reuniones, porque experimento de pronto un hastío y una saturación insoportables.
Pensándolo positivamente, fue algo bueno para mí y para ellos, porque al ir a verlos hoy, cuando tuve de verdad ganas de verlos y de estar con ellos, mi actitud fue muy distinta y la de ellos también. Pude compartir el almuerzo con una serena alegría. Y quisiera finalmente, compartirles una fotografía que tiene gran significado para mí. ¡Cuántas veces reí sin ánimos de hacerlo, sólo para la cámara! No podría contarlas. Esta risa, vino del corazón, y mi sobrina, me abrazó fuertemente y reía con grande y contagiosa alegría. Fue un instante hermoso que atesoraré por siempre. Pienso... esto es la Navidad: sencillez, gracia, alegría sin estrépitos, humildad, serenidad del alma...
No llevé regalos para nadie, pero me di cuenta de que ellos, inmersos en tantos regalos que habían recibido de otros, y en cosas materiales, no esperaban eso de mí, sino sólo mi presencia. Incluso mi pequeña sobrina de dos años, la personita más inocente y pura de todos, me recibió con la alegría que se recibe un regalo. No olvidemos que estar presentes, acompañar, es el mejor de los regalos. Al fin y al cabo, eso significa "presente". Ser un presente para alguien, es una maravilla. Antes, me sentía 
un 
estorbo, ya no.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Reflexión II: Sobre El Debido Uso Del Tiempo

Introducción:  La prisa logra que poco a poco vayamos perdiendo el rumbo, el sentido de orientación en nuestra vida.



En la mitología griega, se narra que Cronos (*1), el dios que personificaba al tiempo, devoraba a sus propios hijos al nacer. Cuántas veces, nos dejamos angustiar y hasta llegamos a desesperarnos por el veloz paso de los días, de los meses, de los años...  Y somos así, "devorados", de alguna manera, por este dios impiadoso e implacable.  

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Hace unos años...

No sé lo que pensábamos entonces.  Si intento imaginarlo, será a la luz de lo que pienso ahora acerca del pasado.  Podría decir, viendo estas fotografías, que no era infeliz, pero tampoco era feliz: eso se nota en mi mirada.   Como siempre, mi mirada me delata.
No ha pasado tanto tiempo, si lo pienso...  ¿Tal vez tres o cuatro años?  Suficiente como para haber dilucidado unas cuantas verdades, para haber soltado amarras y comenzar a ensayar un nuevo vuelo.  
No es que antes no volara.  No es que no volara alto.  Pero volaba distinto.  No sé, quizás ha variado mi plumaje; lo noto ahora más colorido y brillante y más candorosamente desordenado.  Mis ansias de volar alto no dejan de estar presentes y a eso puede deberse que se hayan desordenado mis plumas y que el sol las haya tornado más brillantes y que mi peso en las alturas, ya no se sienta tanto.  Pareciera que me elevan sin esfuerzo de mi parte y que, con las alas desplegadas, permanezco en el aire sin fatigas, suavemente llevada por el viento.
Creo que, cuando me tomaron esta foto, mi mente cavilaba demasiado.  Había en mi cabeza un torbellino de ideas, un rumor irritable y constante.  No estaba mal... pero tampoco bien y ni siquiera sé si hoy lo estoy, pero eso, no me preocupa tanto como antes.  Tenía muchas lágrimas por llorar y aún me restan muchas.  En eso, no ha variado mi existencia.  Pero ahora soy más permisiva con la risa.  Me permito estar alegre sin motivos aparentes y ni yo misma sé, a veces, por qué me río o qué me causa gracia.  Me hace bien reír, me sienta bien, me vuelve a instancias de mi vida que creía perdidas para siempre, como la infancia o la parte más jocosa y desenfadada de la adolescencia.
En esto, pienso que han tenido mucho que ver mis pequeños y no tan pequeños alumnos.  Porque se ríen de cosas que parecen tontas o sin sentido por tan simples.  Y se ríen con tantas ganas, que contagian.  Y contagian también, un poco de su perspectiva ante la vida, de su visión cuasi mágica del mundo, de su sincretismo de ideas donde conviven en paz y armonía las hadas, los duendes, las sirenas y los unicornios, junto a la realidad más cruda y ese desenfrenado amor por las tecnologías que los atraviesa.
¡Yo aprendo tanto de ellos!  No sé si ellos, aprenderán tanto de mí.  Y son tan dulces, que por momentos, me vuelvo una chiquilina más.  ¿Cómo explicarlo?  Me siento niña otra vez.  Esa niña que guardé hace mucho tiempo en el arcón de los recuerdos, se asoma cuando ella quiere, traviesa, juguetona, con una sonrisa dulce y amable, sin malicia.
Lo único que me produce temor, es la blandura de ese corazón.  En esos momentos, me transformo en un ser totalmente vulnerable, inocente y confiado.

martes, 23 de diciembre de 2014

El regreso

Miró hacia la luz y se alegró pensando en la alegría de la casa.  Sentía el frío tenaz y mientras caminaba, apresuraba el paso descontando baldosas y adoquines.  Los muros se alzaban hostiles a diestra y a siniestra.  La calle se angostaba gris y húmeda, desolada y mezquina de faroles.  Sin embargo, sentía latir tibio el corazón dentro del pecho.  Tornaba cada tanto la mirada al primer piso del cual surgía aquella luminaria como faro que guía al navegante al puerto seguro.  Le pareció de pronto, que aquel primer piso, ganaba en altura y que, cuanto más cerca de sus pasos estaba la anhelada vereda, el corazón más fuertemente y más cálidamente latigueaba su pecho.  
Emoción.  Se sabía esperado.  Alguien... lo esperaba y había dejado encendida la luz y corridas las cortinas.  Frotó las manos heladas y les sopló su aliento.  Sonrió y hasta sus ojos sonrieron.  Él se dio cuenta pero era algo que no podía explicar.  ¿Cómo podía reír con la mirada?  Y sin embargo, lo experimentó con certidumbre.  
Ya no sentía el cansancio mientras aceleraba el paso.  Estaba ya muy cerca...  Tan cerca, cuando lo acució un desasosiego repentino e inexplicable.  Pero no aminoró la marcha.  Alzó los ojos hacia el cielo estrellado e hinchó de aire fresco sus pulmones.  Volvió a frotar las manos y se halló ante el umbral.  Tuvo miedo y se quedó inmóvil un instante ante la puerta, cuando notó que sin mediar llamado alguno, lentamente se abría.  Un rostro sonriente se asomó, disipando los temores y las dudas y todos sus huesos y músculos se aflojaron a un tiempo, mientras el calor, retornaba a su cuerpo y a su alma, que ya languidecían.  Unos brazos abiertos lo estrecharon fuertemente en un abrazo y suspiró rebosante de alegría.  Se miraron a los ojos un momento, sin mediar palabras porque las palabras, no eran necesarias.  Sabía que a lo lejos, alguien se había asomado a la ventana y lo esperaba con ansias quizás mayores aún que las que él tenía por llegar.  Al fin, entró y sintió el exquisito aroma de la cena recién servida y aún humeante.  El corazón

volvió a latir sereno y feliz: estaba en casa.

Los seres de la luz




Un camino tachonado de diamantes,

se ven fuentes cristalinas a los lados

de donde manan seres luminosos

como luciérnagas 

que se encienden en la noche.


Un sol radiante, 
apostado en lo alto,
alzo los ojos, miro en silencio
y descanso...

Alrededor, danzan los seres de la luz

como destellos
y cantan una canción desconocida
indescifrable y hermosa
que embeleza mis oídos
y que me deja absorta.

Los seres de la luz 

acompañan mis pasos,
se adhieren a mi cuerpo
y a mis manos,
ellos dibujan un paisaje nuevo,
se estremecen de amor
porque el amor es aire 
que respiran
y alimento y bebida...
No beben otra cosa
ni acercan a su boca
otra comida.

¿Cómo respiran?

-Amor es más que aire,
me aseguran,
más que luz
y que cuanto alcance
a comprender el alma
que a él se asoma
siempre tímida.

Alma, ¿cómo no te arrojas?

El amor te sostiene,
él es tu escudo, tu arma
y tu corona.
Con él, toda batalla
está ganada,
pero no mires hacia atrás,
atrás está el vacío,
el acuciante desertor
de las horas perdidas.

Ya no hay desierto...

camina que, bajo tus pies descalzos
comienzan a brotar
las flores nuevas,
aún más hermosas, perfumadas
¡y el cristal, no se quiebra!

Los seres de la luz

quedan absortos
y yo con ellos caigo
en un profundo sueño...
No diré qué he soñado,
ni cómo acompañaron mi camino
librándome, tomándome la mano.

¡Qué bellas esas fuentes

a los lados!
¡Cómo ilumina el sol
el agua clara, y comprendo...
es de allí, de allí proceden.
De allí, toman el ser
y luego viven
como alegres luciérnagas
que iluminan la noche.


31/08/2014

domingo, 21 de diciembre de 2014

La Cruz





La cruz, la simple cruz, rústica, inacabada. La de retablo incierto pero no inconsistente. De madera grisácea, más bien, amarronada. La concreta.

Forjada de un árbol noble que con otros, engalanaba el monte o algún bosque pletórico de especies vegetales. Árbol en cuyas ramas, anidaban las aves, acurrucadas ante el frío tenaz de las noches de invierno, y que llenaban con sus gorjeos alegres la alborada. De fronda espesa bajo la cual solían refrescarse peregrinos o trabajadores fatigados, que reposaban del ardiente estío.


Pero he aquí, el destino ineludible, el leñador lo sondeó, lo vio sin oquedades, sin atisbos de podredumbre en la corteza, ni de gusanos corroyendo la madera y le agradó su porte, austero pero firme; le pareció propicio para múltiples usos. Decidido, imperturbable, asestó un golpe certero, con su brazo recio y su herramienta por demás, bien afilada. Sólo el estrépito seco de su hacha tajante resonó por los rincones de aquel bosque. Lejos rodaron los nidos y los trinares de pájaros alegres. Puso fin a la historia de aquella sombra fresca en el verano.


Primero, se secaron las hojas en un montículo ignoto que se formó en el suelo y luego el tronco, se fue deshidratando poco a poco, agonizando en trozos. El aprendiz de carpintero, al fin empleó su oficio, mas no con mucha diligencia, pues la ocasión no lo valía. Apenas una cruz, era el encargo. Un aprendiz cualquiera era el más probo para llevarlo a cabo. Una de vigas cruzadas, no hacía falta pericia, sólo encastrarlas firmemente como para sostener el peso necesario, inerte. Se tomaron medidas, no muchas, pues como queda dicho, la ocasión, no lo ameritaba. Sólo las suficientes, el largo de un cuerpo, un poco más y el ancho de unos brazos abiertos.


He aquí el árbol, convertido en patíbulo por pérfida ocurrencia humana; elemento eficaz de vil tortura, de humillación y muerte. Dos inocentes ya inseparables en un mismo destino, clavados ambos, llorando el árbol aún la muerte de su savia. Hecho cruz, anclada en la tierra rocosa, taladrando el suelo.


La cruz, de la cual pende el cuerpo lacerado, el corazón aún latiente, apenas latiente, del condenado. La de gruesas astillas que desgarran aún más las carnes desangradas. Ahora empapada, roja, multicolor, vibrante. La señalada, hacia la que todos miran sin lograr quitar de allí la vista, aunque en principio espante y estremezca. De pronto, no eran ya los cánticos de aves que se oían, sino sollozos, gemidos y lamentos que rasgaban esa atmósfera trágica. Y una melodía suave, angélica, percibida por pocos, se vertía copiosa en el espacio.De pronto se volvía sombra fresca bajo la cual todos pudieran refrescarse, descansar. La cruz, la rústica y sublime, toda en una. La cruz de luz. La de madera inerme, quizás tosca. La clavada en lo alto, en una cima, erguida en su misterio impenetrable. La que sostiene el cuerpo atormentado. Sobre ella yace el inocente muerto y desde abajo los culpables miran.


Aquella que en el tiempo se tornó herrumbre y partículas dispersas en el aire, mas perpetuada en la memoria, aparece aún entera, inalterable.

Reflexión

Comunicación





      El aire comunica, es apertura: le permite a la brisa fluir y aún al mismo huracán, no lo detiene.  Está en ambos y los acompaña en su recorrido, pero no es la brisa, ni es el huracán. Él, se permite ser… a veces es serenidad, otras veces fuerza que arrasa, pero no pierde su esencia de ser simplemente “aire”.

      Está bajo la tierra, para no sofocarla; está en el agua, en las alturas vuela entre las nubes y se contamina en las grandes urbes más densamente pobladas.  Se renueva entre las altas y magníficas arboledas de los bosques, pero también se complace permaneciendo en la llanura, escondido entre las florecitas que ocultamente crecen en los prados. 

      Alimenta el fuego, y aviva la última chispa para que no se apague. Está presente en el suspiro de un niño entredormido y no desiste hasta el último aliento de aquel que se despide de esta vida.

      Está en tus pulmones y en tus venas: sin el aire, no vives, no respiras… Tu corazón, no late.  El aire está entre tus palabras y las mías, tornando audible cualquier ruido o sonido.

      Sin embargo, no lo vemos, no tiene una entidad visible ni una forma definida que podamos apreciar o describir sino que sólo lo podemos sentir y percibir.

      El aire, es un misterio para el hombre, pero apenas una imagen de una realidad suprema que lo trasciende mucho más.


      Cuando puedas, retírate a un lugar tranquilo donde puedas reposar.  Respira hondo, toma consciencia de cómo el aire que entra en ti, te recorre por dentro, llevando vida a cada parte de tu cuerpo.  ¡Aún los pequeñísimos poros de tu piel, respiran!  Por eso, también siéntelo en tu piel, acariciándote con su frescura y con su suavidad.  Déjalo que te abrace, ¿a dónde te transporta?

lunes, 15 de diciembre de 2014

Texto de 1998

                Desde ayer, estuvieron dando vueltas en mi cabeza tantos pensamientos abrumadores.  Algunas cosas se retienen fácilmente en la memoria. Otras, en cambio, es preferible echarlas al olvido para no evocarlas ya nunca.  Pero esos recuerdos alborotados, que bogan por salir…  Es difícil retenerlos o ahuyentarlos.  Están ahí, a veces escarneciendo la mente y el corazón.  No quisiera pensar tanto ni dejar que pululen en mi interior tantas ideas vagas, fortuitas, desesperanzadoras.  Lucho por mantener la fe y la esperanza vivas, como la luz de un candelero en la oscuridad,

domingo, 14 de diciembre de 2014

Lápiz Policromo y Acrílico sobre Madera

Nunca mío 04/08/2014

Nunca mío, diré…


De las rosas serás,
de las estrellas;
del asfalto que pisas
del fuego que te abriga.


Serás del aire, del sol…
aún de la lluvia.
Y de la vida serás
mas nunca mío.


Tu risa por la tarde,
tu voz que no recuerdo
y esos ojos ausentes…
Nunca míos.



Serás de las montañas,
de las aves que vuelan,
del lecho en que descansas,
del candor de tus hijos,
del hogar que te guarda,
de la mujer que amas…


Porque jamás lo fuiste,
porque, aunque te buscaba
sin ser indiferente
fuiste esquivo.





Porque no me encontraste
donde yo te esperaba,
porque nunca llegaste…
¡Nunca mío!


Te anhelaban mis labios
pero no los besaste…
Se cerraron mis ojos
cansados de esperarte.


Y me aferré a otro sueño:
sabes, tú y yo, felices
ya no en la misma casa,
ya no esposo, no mío.


Te soñé una familia
que te abrace dichosa
y tres lunas plateadas
encendieron tu noche.


Te dejé, no sin duelo,
me alejé, no sin llanto
como se deja el sueño
más ansiado y querido.
Me alejé saboreando
mi soledad amarga
y así, pasó la noche:
nunca mío.


El sol salió glorioso
un día inesperado
invitándome a andar
otros caminos.
Cada tanto, te sueño
pero no estás conmigo.
A veces, te recuerdo
pero voy olvidando…


No quiero atesorarte
pues otros te atesoran,
estabas para otros,
no por mí, estoy segura.


Y al fin, 
hallé mi historia,
la propia, la que como un torrente
sobre mí se desborda.
La que me trae aludes
de sentires vibrantes.
me encontré al fin
cuando no me buscaba.
Saber que estuve dentro…
¡tanto tiempo esperándome!


Ya hoy puedo entregarme
al aire y a las rosas
y caminar cantando
otras canciones.


Y titilan estrellas
por todas partes, ¡mías!,
tantos ojos brillantes
que su amor me prodigan.


No eras tú, al fin de cuentas,
pues dentro de mi alma
encontré aquel amor
que por fuera, buscaba.

jueves, 20 de noviembre de 2014