¿Cuántas veces la desilusión, el desengaño, han dejado marcas dolorosas en mi vida? La misma cantidad de veces en que me he ilusionado vanamente. Ilusión, es sólo eso: una fantasía, una imagen carente de realidad. ¿O no?
¿Cuántas veces, me he propuesto a mí misma, ya no ilusionarme? Tantas como aquellas en que me sentí herida por la desilusión.
Y sin embargo, soy un ser lleno de ilusiones. No porque me guste sufrir, no es eso. Pero soñar e ilusionarme es parte esencial, característica e impronta de mi ser. No sería yo, sin ilusiones, aunque sea consciente de que caeré una y mil veces en la desdicha por esta causa: es un riesgo que prefiero correr indefectiblemente antes de arrojar mi vida al vacío de no sentir, de no soñar.
No tiene, creo, nada que ver con la libertad, aunque elijo libremente, abrazo con anhelos siempre renovados esta forma singular de sentir la vida y de experimentar la realidad. Digo singular, porque encuentro en mí tantos puntos de vista diferentes a los del común de la gente. La mayoría de las personas con las cuales comparto mi tiempo, piensa que hay que conformarse con mucho menos, priorizan por temor, las metas fáciles y alcanzables, olvidan las utopías, se cansan de luchar, dejan de ser pertinaces y se acostumbran a eso que en la vida, deja sabor a poco o a nada. Y digo "dejan", porque en su juventud, sé que esperaban otra cosa, mucho más de la vida.
En cambio, yo elijo y siempre elegiré las utopías, lo inabarcable, lo que me deja frente a un horizonte de nuevas expectativas; no importa que al mundo entero le parezca pequeño, inútil, o totalmente sin sentido. Elijo y siempre elegiré, ser yo misma, a pesar de las dificultades. No renuncio a ser diferente, a ser creativa, a pensar diferente e intentar hacer las cosas de un modo único dentro de mis posibilidades. ¡Y es claro! Mis limitaciones también son mías. No podría ignorarlas, porque ahí están, siempre presentes, poniendo una barrera, un muro a mis aspiraciones más profundas. Pero aún ellas, no son impedimento para mis sueños. Al fin y al cabo, si eso son, ¿quién pudiera impedirlos si yo misma los acojo, les doy vida interior y los expreso luego en cuanto hago, digo o pienso?
A veces, no pocas, siento un regocijo inexplicable y breve, sólo por un instante, como una brisa fresca y renovadora.
Significa entonces, que la llave de la ilusión, está a punto de abrir otra puerta...


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