Caí en las aguas y me atrapó una ola
Y de esa pesadilla viva, desperté.
Jamás volví a saber de aquel sueño terrible
Del que emergió mi alma inanimada,
El aire estaba denso y se sentía
De un amargo dolor, llorar el alba.
Amanecía… y desde entonces
Las lágrimas del día propagadas
Caían como estrellas apagadas
Sobre el azul intenso de las aguas.
Quedaron encendidas un momento
Y luego de observarlas me olvidaba
Y me dejé llevar, muy lentamente
Hacia una luz que se encendía y se apagaba.
Deseaba entonces descifrar tanto misterio,
Inolvidables voces, me aclamaban,
Escruté más allá del horizonte
Y divisé la luz del sol desfalleciendo.
No sé qué hacía allí, permanecía inmóvil
Dejándome llevar por la corriente,
Sólo quería buscar una salida,
Que acudieran en mi auxilio las gaviotas,
Pero estaba como muerta, ya no hablaba.