lunes, 15 de diciembre de 2014

Texto de 1998

                Desde ayer, estuvieron dando vueltas en mi cabeza tantos pensamientos abrumadores.  Algunas cosas se retienen fácilmente en la memoria. Otras, en cambio, es preferible echarlas al olvido para no evocarlas ya nunca.  Pero esos recuerdos alborotados, que bogan por salir…  Es difícil retenerlos o ahuyentarlos.  Están ahí, a veces escarneciendo la mente y el corazón.  No quisiera pensar tanto ni dejar que pululen en mi interior tantas ideas vagas, fortuitas, desesperanzadoras.  Lucho por mantener la fe y la esperanza vivas, como la luz de un candelero en la oscuridad,
amenazada por una feroz tormenta.  Y veo que en realidad, es al revés: gracias a esa luz, yo me mantengo viva y entera.  Si por ellas no me forzara a seguir, ¿por qué lo hiciera?  No me parece que exista nada más fuerte y que impulse hacia la vida como ellas.  Y en ellas, el amor es la brújula que las orienta y el faro que las recibe en el puerto deseado.  En fin, pensaba escribir tantas cosas terribles…  Cosas que pasan a mi alrededor, en este mundo en el cual vivo.  El mal que percibo, pero a la vez, percibo un bien mucho más grande.  Cuanto más se pone de manifiesto el odio y el horror, ¡el triunfo de la bondad y del amor, se hace más evidente!  Sólo espero no quedarme aplastada por el peso de ese mar de maldad.  Que el amor siempre me levante y me eleve más allá, adonde pueda ver todo más claro.  Este mundo pasará y su realidad, sucumbirá.  Es extraño que esta idea, me aliente en lugar de desanimarme.  No temo al fin, porque pienso y sé que toda puerta que traspasamos, nos conduce a otro sitio.  No existe una puerta hacia la nada, eso es obvio.  Todo umbral que trasciendo, abre un nuevo horizonte frente a mí, un horizonte lleno de cosas insospechadas.

                Por citar un ejemplo, puedo decir que me atormenta mucho pensar en la maldad que parece imperar en el mundo.  Que prefiero a los lobos con pelaje de lobos y no a aquellos que se ocultan bajo la apariencia de la suave piel del cordero.   Creo que estos últimos son mucho más peligrosos.  Cuando el mal se manifiesta como tal, sabemos simplemente que tenemos dos caminos: huir de él, por no acabar despedazados o ser presas voluntarias, sometidas a su arbitrio.  Pero, ¡qué difícil es descifrar el mal que se esconde bajo apariencia de bien!  Aquí, todo es confuso y más aún para aquellos que no han tenido la posibilidad o diligencia de formarse y adiestrarse en el discernimiento espiritual.  Si alguien poderoso, pone todos los medios que le son posibles en construir una falsa verdad, ¡cuántos caerán en sus redes pensando que obran bien!  Y hoy en día hay tantos de estos dando vueltas que me causa miedo y repugnancia.  Transforman en ley, terribles mentiras.  O sea que truecan la verdad, confunden, torturan, someten, cometen los crímenes más aberrantes…  Y son tenidos por buena gente.  Es insólito, pero está tan naturalizado, que son pocos los que saben reconocerlos y luchan contra ellos y sus sofismas.  No es de extrañar entonces, que la humanidad se halle en un momento crucial de su historia.  Buscar la Verdad y enarbolar definitivamente su bandera; desterrar de una vez por todas, la falsedad y el engaño que han acarreado tantas víctimas, culpables e inocentes.  Aún los culpables, son dignos de toda nuestra conmiseración, ¡porque serán juzgados tan severamente!  Y en cierta manera, no saben lo que hacen, eso es así.  Si lo supieran, tendrían como antes dije, dos caminos.  Creen que hacen bien tratando de cambiar la verdad, pero nadie saldrá victorioso en esa empresa, porque el triunfo de la verdad, es el triunfo esperado con entrañables ansias por los justos, por los que murieron batallando en sus filas.

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