Desde ayer, estuvieron dando
vueltas en mi cabeza tantos pensamientos abrumadores. Algunas cosas se retienen fácilmente en la
memoria. Otras, en cambio, es preferible echarlas al olvido para no evocarlas
ya nunca. Pero esos recuerdos
alborotados, que bogan por salir… Es
difícil retenerlos o ahuyentarlos. Están
ahí, a veces escarneciendo la mente y el corazón. No quisiera pensar tanto ni dejar que pululen
en mi interior tantas ideas vagas, fortuitas, desesperanzadoras. Lucho por mantener la fe y la esperanza
vivas, como la luz de un candelero en la oscuridad,
amenazada por una feroz
tormenta. Y veo que en realidad, es al
revés: gracias a esa luz, yo me mantengo viva y entera. Si por ellas no me forzara a seguir, ¿por qué
lo hiciera? No me parece que exista nada
más fuerte y que impulse hacia la vida como ellas. Y en ellas, el amor es la brújula que las
orienta y el faro que las recibe en el puerto deseado. En fin, pensaba escribir tantas cosas
terribles… Cosas que pasan a mi
alrededor, en este mundo en el cual vivo.
El mal que percibo, pero a la vez, percibo un bien mucho más
grande. Cuanto más se pone de manifiesto
el odio y el horror, ¡el triunfo de la bondad y del amor, se hace más evidente! Sólo espero no quedarme aplastada por el peso
de ese mar de maldad. Que el amor
siempre me levante y me eleve más allá, adonde pueda ver todo más claro. Este mundo pasará y su realidad,
sucumbirá. Es extraño que esta idea, me
aliente en lugar de desanimarme. No temo
al fin, porque pienso y sé que toda puerta que traspasamos, nos conduce a otro
sitio. No existe una puerta hacia la
nada, eso es obvio. Todo umbral que
trasciendo, abre un nuevo horizonte frente a mí, un horizonte lleno de cosas
insospechadas.
Por
citar un ejemplo, puedo decir que me atormenta mucho pensar en la maldad que
parece imperar en el mundo. Que prefiero
a los lobos con pelaje de lobos y no a aquellos que se ocultan bajo la
apariencia de la suave piel del cordero.
Creo que estos últimos son mucho más peligrosos. Cuando el mal se manifiesta como tal, sabemos
simplemente que tenemos dos caminos: huir de él, por no acabar despedazados o
ser presas voluntarias, sometidas a su arbitrio. Pero, ¡qué difícil es descifrar el mal que se
esconde bajo apariencia de bien! Aquí,
todo es confuso y más aún para aquellos que no han tenido la posibilidad o
diligencia de formarse y adiestrarse en el discernimiento espiritual. Si alguien poderoso, pone todos los medios
que le son posibles en construir una falsa verdad, ¡cuántos caerán en sus redes
pensando que obran bien! Y hoy en día
hay tantos de estos dando vueltas que me causa miedo y repugnancia. Transforman en ley, terribles mentiras. O sea que truecan la verdad, confunden,
torturan, someten, cometen los crímenes más aberrantes… Y son tenidos por buena gente. Es insólito, pero está tan naturalizado, que
son pocos los que saben reconocerlos y luchan contra ellos y sus sofismas. No es de extrañar entonces, que la humanidad
se halle en un momento crucial de su historia.
Buscar la Verdad y enarbolar definitivamente su bandera; desterrar de
una vez por todas, la falsedad y el engaño que han acarreado tantas víctimas,
culpables e inocentes. Aún los
culpables, son dignos de toda nuestra conmiseración, ¡porque serán juzgados tan
severamente! Y en cierta manera, no
saben lo que hacen, eso es así. Si lo
supieran, tendrían como antes dije, dos caminos. Creen que hacen bien tratando de cambiar la
verdad, pero nadie saldrá victorioso en esa empresa, porque el triunfo de la
verdad, es el triunfo esperado con entrañables ansias por los justos, por los
que murieron batallando en sus filas.
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