martes, 13 de enero de 2015

Reflexión IV Cuántas veces...

¿Cuántas veces la desilusión, el desengaño, han dejado marcas dolorosas en mi vida? La misma cantidad de veces en que me he ilusionado vanamente. Ilusión, es sólo eso: una fantasía, una imagen carente de realidad.  ¿O no?

¿Cuántas veces, me he propuesto a mí misma, ya no ilusionarme? Tantas como aquellas en que me sentí herida por la desilusión.


Y sin embargo, soy un ser lleno de ilusiones. No porque me guste sufrir, no es eso. Pero soñar e ilusionarme es parte esencial, característica e impronta de mi ser. No sería yo, sin ilusiones, aunque sea consciente de que caeré una y mil veces en la desdicha por esta causa: es un riesgo que prefiero correr indefectiblemente antes de arrojar mi vida al vacío de no sentir, de no soñar.

No tiene, creo, nada que ver con la libertad, aunque elijo libremente, abrazo con anhelos siempre renovados esta forma singular de sentir la vida y de experimentar la realidad. Digo singular, porque encuentro en mí tantos puntos de vista diferentes a los del común de la gente. La mayoría de las personas con las cuales comparto mi tiempo, piensa que hay que conformarse con mucho menos, priorizan por temor, las metas fáciles y alcanzables, olvidan las utopías, se cansan de luchar, dejan de ser pertinaces y se acostumbran a eso que en la vida, deja sabor a poco o a nada. Y digo "dejan", porque en su juventud, sé que esperaban otra cosa, mucho más de la vida.

En cambio, yo elijo y siempre elegiré las utopías, lo inabarcable, lo que me deja frente a un horizonte de nuevas expectativas; no importa que al mundo entero le parezca pequeño, inútil, o totalmente sin sentido. Elijo y siempre elegiré, ser yo misma, a pesar de las dificultades. No renuncio a ser diferente, a ser creativa, a pensar diferente e intentar hacer las cosas de un modo único dentro de mis posibilidades. ¡Y es claro! Mis limitaciones también son mías. No podría ignorarlas, porque ahí están, siempre presentes, poniendo una barrera, un muro a mis aspiraciones más profundas. Pero aún ellas, no son impedimento para mis sueños. Al fin y al cabo, si eso son, ¿quién pudiera impedirlos si yo misma los acojo, les doy vida interior y los expreso luego en cuanto hago, digo o pienso?

A veces, no pocas, siento un regocijo inexplicable y breve, sólo por un instante, como una brisa fresca y renovadora. 
Significa entonces, que la llave de la ilusión, está a punto de abrir otra puerta...

lunes, 12 de enero de 2015

Esto escribía allá por 2012, al acabar mi carrera de profesorado

Queridos amigos 

Estamos concluyendo una etapa más de nuestra vida. Este hecho me lleva inevitablemente a rememorar los comienzos. Esos primeros pasos vacilantes que di en FoBa. Sé que cada uno tiene una historia de vida particular para contar, que cada uno ha vivido cosas distintas y que en definitiva ninguno de nuestros relojes marca el mismo instante... aunque nos hallamos cruzado en un punto común del camino para transitarlo juntos. Cada uno llegó acá con anhelos diversos, con quién sabe qué expectativas. A mí me tocó llegar gracias al empujoncito que me dieron mis amigas, aquellas que fueron testigos en el pasado de que había en mí ciertas habilidades para dibujar y para las tareas manuales. No contaba con la confianza de mi familia y eso pesaba mucho sobre mí y debo confesar que hizo muy difícil la decisión de inscribirme. 

domingo, 11 de enero de 2015

Canto de mi vida / Año 1993

Encontré uno de mis viejos escritos, y quería compartirlo en éste, mi espacio.  Tenía 15 años cuando me expresé con estas palabras, sin entender bien qué quería decir.



He tomado tres flores del valle de la decisión, las guardé y olvidé dónde las había guardado.  Al fin, llega la hora de encontrarlas y aspirar su perfume.

Qué extraño, no se han marchitado sus pétalos, parecen frescas... como recién cortadas.
¡He pasado tantas noches, he caminado tantos desiertos interminables!  Y olvidé tantas cosas que me eran imprescindibles.  Sin embargo, pude darme cuenta mientras andaba de que una sóla cosa precisaba saber: cuál era la meta.

viernes, 2 de enero de 2015

Reflexión III Cuando parece que la vida sólo golpea

Esto que voy a decir, hasta parecerá injusto y sin sentido. y es así porque vivimos en una sociedad hedonista (1), donde la búsqueda exacerbada del placer lo es todo... Pero, quien no ha experimentado que en determinada etapa de la vida ésta parece empecinarse en sólo propinarnos golpes y desolaciones casi sin mezcla de consuelo alguno, aún no está suficientemente maduro, aún le falta algo esencial por vivir.  

A ver, pongámonos en situación: no tienen por qué ser golpes excesivamente duros, pero sí continuos, tal que pareciera que no nos da tiempo a respirar, a recuperar el aliento y ¡zas!, nos asesta otro sin que hayamos sido capaces de verlo venir.  Luego de pasar por esta etapa, nuestro espíritu queda prevenido y alerta.  Y si logramos hacer consciente lo que nos ha sucedido, es posible que podamos sacar mucho provecho de ello.  De lo contrario, ese sufrimiento se tornará insoportable, razón por la cual, nuestro humor se volverá advenedizo, padeceremos sentimientos de frustración, de lucha infructuosa, de desconfianza y en definitiva y en el peor de los casos, caeremos en una completa desesperanza y depresión.  ¿Quién no ha conocido personas que reaccionan así a estos golpes continuos de la vida?  O quizás, no haga falta buscar lejos, sino en nosotros mismos.  Este es el fruto del "no" aprendizaje y de la "no" aceptación.

El fruto del aprendizaje, es, como dije antes, la toma de consciencia, la aceptación, encontrar la paz en medio de la tormenta, y no buscando con desespero que ésta acabe.  Saber sacar provecho de estas situaciones, implicará que nos convertiremos en personas más fuertes, mejor provistas para el combate, más expertas y sobre todo, más humanas y más sensiblemente vivas.  En la vida en general, hay una alternancia de situaciones que llamamos buenas o malas. Somos nosotros quienes las identificamos o definimos según el modo en que nos sentimos al pasar por ellas.  Esto no significa que lo que consideramos malo, lo sea en un sentido objetivo y pleno. Tampoco aquello que consideramos bueno. Tenemos natural tendencia a subjetivarlo todo, hasta que despertamos a una realidad más elevada y espiritual y comenzamos a ser capaces de entender que ni todo es tan malo como lo pensamos, ni todo es tan bueno.  Empezamos a apreciar los detalles y también la simplicidad detrás de cada situación.  

Podemos ver que en la vida pasa de todo, que hay un momento indicado perfectamente para cada cosa.  Un equilibrio sostenido por una realidad muy superior a nosotros y a nuestro modo de ver y percibir.  Cuando descubrimos esto, ya nuestra perspectiva será otra, acabarán los ¿por qué? y comenzarán a dejarse oír los ¿para qué? Preguntarse lo primero, es frustrante, agotador y su respuesta nunca nos satisfará.  Preguntarse lo segundo, es abrirse a la posibilidad de lo inabarcable, del misterio amorosamente abrazado aún sin una completa comprensión de los hechos, a la confianza y abandono total, que no significa otra cosa que estar en paz con nosotros mismos, con los otros seres y con la vida.

Nuestra vida en este mundo, es un camino de continuo aprendizaje.  Si creemos esto, entonces es más sencillo comprender que no debemos buscar demasiadas respuestas, ni investigar acerca de diversidad de temáticas, ni dispersarnos en la elaboración de intrincadas hipótesis o teorías que de ninguna manera llegarán a darnos la certidumbre de haber al fin alcanzado la verdad, dando una respuesta infalible a nuestras dudas existenciales.  Eso es una pérdida de tiempo y energías.  En cambio, busquemos dentro de nosotros, sumerjámonos en las profundidades de nuestro ser.  Entre todas las preguntas posibles, quedémonos con sólo una...  He ahí el camino más directo, más simple y perfecto.   

No quiero dejar de mencionar a los grandes místicos, como San Juan de la Cruz, que tanto me han enseñado acerca de estas cuestiones.  Él ha denominado a estas etapas de duras pruebas que se prolongan en el tiempo a veces por años, como "noches oscuras".  Incluso, hilando más fino, este sabio ha logrado diferenciar entre la noche oscura del sentido y la noche oscura del espíritu.  La primera, siempre precede a la segunda y tiene más que ver con el nivel material de nuestra existencia.  Por la primera, pasamos generalmente todos.  Por la segunda, sólo aquellos que están llamados a una unión más profunda con la divinidad. La sabiduría, no está acotada a un tiempo y espacio determinados, sino que es aplicable a cualquier momento histórico o situación.  Los escritos de San Juan de la Cruz, son difíciles de desentrañar para las personas dadas al materialismo, por lo tanto, para nuestra sociedad, son como un enigma incomprensible, es por eso que tanto recomiendo su lectura, porque nos dará una visión clara de cuál es el camino que estamos siguiendo, más allá del credo que tenga cada uno. Y por último, dejo a continuación un texto que ha marcado mi vida desde que era una jovencita.   

San Juan de la Cruz. Para poseer el TODO

Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada.
Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.

Para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.
Para venir a lo que no posees,
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.

MODO PARA NO IMPEDIR AL TODO

Cuando reparas en algo,
dejas de arrojarte al todo.
Porque para venir del todo al todo,
has de negarte del todo en todo.
Y cuando lo vengas del todo a tener
has de tenerlo sin nada querer.
Porque, si quieres tener algo en todo,
no tienes puro en Dios tu tesoro.


En esta desnudez halla el espiritual su quietud

y descanso, porque no codiciando nada, nada

le fatiga hacia arriba y nada le oprime hacia

abajo, porque está en el centro de su humildad.

Porque cuando algo codicia en eso mismo se

fatiga.





San Juan de la Cruz. Subida 1,13,11-13



(1) El hedonismo es la doctrina filosófica basada en la búsqueda del placer y la supresión del dolor y de las angustias, como objetivo o razón de ser de la vida