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domingo, 21 de diciembre de 2014

Reflexión

Comunicación





      El aire comunica, es apertura: le permite a la brisa fluir y aún al mismo huracán, no lo detiene.  Está en ambos y los acompaña en su recorrido, pero no es la brisa, ni es el huracán. Él, se permite ser… a veces es serenidad, otras veces fuerza que arrasa, pero no pierde su esencia de ser simplemente “aire”.

      Está bajo la tierra, para no sofocarla; está en el agua, en las alturas vuela entre las nubes y se contamina en las grandes urbes más densamente pobladas.  Se renueva entre las altas y magníficas arboledas de los bosques, pero también se complace permaneciendo en la llanura, escondido entre las florecitas que ocultamente crecen en los prados. 

      Alimenta el fuego, y aviva la última chispa para que no se apague. Está presente en el suspiro de un niño entredormido y no desiste hasta el último aliento de aquel que se despide de esta vida.

      Está en tus pulmones y en tus venas: sin el aire, no vives, no respiras… Tu corazón, no late.  El aire está entre tus palabras y las mías, tornando audible cualquier ruido o sonido.

      Sin embargo, no lo vemos, no tiene una entidad visible ni una forma definida que podamos apreciar o describir sino que sólo lo podemos sentir y percibir.

      El aire, es un misterio para el hombre, pero apenas una imagen de una realidad suprema que lo trasciende mucho más.


      Cuando puedas, retírate a un lugar tranquilo donde puedas reposar.  Respira hondo, toma consciencia de cómo el aire que entra en ti, te recorre por dentro, llevando vida a cada parte de tu cuerpo.  ¡Aún los pequeñísimos poros de tu piel, respiran!  Por eso, también siéntelo en tu piel, acariciándote con su frescura y con su suavidad.  Déjalo que te abrace, ¿a dónde te transporta?