lunes, 26 de septiembre de 2016

22/07/2014

Abrió las alas un día

muy temprano en la mañana,

desde lo alto de un cerro

"que era el más alto" -pensaba.

Y se deslizó confiada

con sus alas desplegadas,

escuchando los murmullos

de la brisa entre montañas.



Todo encontraba sereno

allí hacia donde mirara,

su peso ya no era peso:

¡se sentía tan liviana!



Cerró los ojos y el viento

las plumas desordenaba,

pero no perdía altura,

antes bien, más la ganaba.



Se vio al punto entre las nubes

y a lo lejos, su nidada

se percibía pequeña

en la inmensidad que hallaba.



Y se quedó allí, volando,

no quiso volver a casa:

siguió surcando los cielos

en su dichosa escalada.



Ya no sentía su peso,

ya no sentía sus alas,

sólo era viento en el viento

que más alto la llevaba.