
Resurgirás radiante
de las cenizas muertas,
bendecida y amada
en las manos de Dios.
Ya no reconocida...
otra será admirada
y tu dicha, en su dicha
y tu amor, en su amor.
Volverás a reír
con alegrías nuevas
y con nuevos colores
relumbrarás al sol.
Tan sólo aquieta... espera,
no huyas y no temas
el tiempo en el que vives,
es el tiempo de Dios.