lunes, 26 de septiembre de 2016

22/07/2014

Abrió las alas un día

muy temprano en la mañana,

desde lo alto de un cerro

"que era el más alto" -pensaba.

Y se deslizó confiada

con sus alas desplegadas,

escuchando los murmullos

de la brisa entre montañas.



Todo encontraba sereno

allí hacia donde mirara,

su peso ya no era peso:

¡se sentía tan liviana!



Cerró los ojos y el viento

las plumas desordenaba,

pero no perdía altura,

antes bien, más la ganaba.



Se vio al punto entre las nubes

y a lo lejos, su nidada

se percibía pequeña

en la inmensidad que hallaba.



Y se quedó allí, volando,

no quiso volver a casa:

siguió surcando los cielos

en su dichosa escalada.



Ya no sentía su peso,

ya no sentía sus alas,

sólo era viento en el viento

que más alto la llevaba.

domingo, 25 de septiembre de 2016

30-04-2010

Me atisbo
en las reminiscencias de tu alma,
pequeña mariposa
frágil y eterna,
pompa de espuma
en el umbral
del tiempo detenido.

Siempre huidiza,
trémula,
rondando en el espacio
inaccesible.


Siempre imposible,
desconcertante,
¿a dónde vas ahora?

Pequeña mariposa,
dulce y serena noche
se cierne
sobre tus heridas alas.


Acalla los rumores
de quejumbrosas voces
que te inquietan.



Descansa ya
en el oscuro
y silencioso abrazo
que es el radiante
preludio de la aurora.