domingo, 1 de marzo de 2015

Reflexión VI: Desencontrados...



El mundo está lleno de corazones que fueron hechos el uno para el otro. Pero el mundo es inmenso. Lo mismo que la cantidad de seres humanos que lo habitan. Las distancias son enormes. Las circunstancias de vida, singulares e infinitas. El tiempo que tiene cada uno, limitado y efímero. Por eso, las posibilidades de encontrar ese corazón que late fuera, pero que es la otra mitad del nuestro, son prácticamente nulas… La realidad de ese encuentro, sólo puede concretarse por intervención de la acción divina, es decir, por un milagro. 


El mundo está lleno de corazones "desencontrados", que laten su medio latido y viven a medias, sin encontrar su otra mitad que en otro rincón del mundo, experimenta exactamente lo mismo. Por esa razón, y con la intención de que ese dolor tan profundo sea mitigado, la mayoría, la inmensa mayoría de los mortales, busca en su soledad, otro corazón, no el que late al unísono, sino otro que se siente tan dolido y solo como el suyo.

Ahora, podríamos cuestionar qué crueldad tan mayúscula es esta. ¿Por qué si Dios creó dos corazones que son el uno para el otro, lo más posible es que jamás se encuentren en el camino de la vida? Pues verán, tras largos e intensos años de experiencia y reflexión profunda, comprendí que el amor jamás será mediocridad, aunque intenten vaciarlo de su contenido nombrándolo aquí y allá de mil maneras. Tampoco se conformará con la mediocridad. El hecho es que cuando estos dos corazones al fin se cruzan, lo más sublime del universo, acontece. Y lo más sublime del universo, es el amor eterno, incondicional, sin sombras, sin dolor y sin heridas.


Se preguntarán si acaso es posible que exista en este mundo tan oscuro y superfluo, tal amor… Y yo digo que sí, que es sin lugar a dudas posible porque son posibles los milagros. De otro modo, sé que hay un Corazón que se ha dejado herir latiendo por cada uno de nosotros pero individualmente, personalmente. Y este Corazón no anda perdido por algún rincón lejano e ignorado, sino que recorre calles y casas, montañas y valles, ríos y mares, inquieto por encontrarse cara a cara con ese otro corazón que ama tan profundamente y que se le escapa porque ignora que Él anda buscándolo por todos los caminos y sin descanso.

Porque ese Corazón me ha encontrado en el camino de mi vida, sé que existe la posibilidad de amar de un modo pleno y perfecto, tal y como Él me ama. Y he concluido en que el amor verdadero, en definitiva, se realiza primero en el milagro supremo de este encuentro, porque es entonces que mi corazón herido, cicatriza, deja de doler, late con Otro y ya no se encuentra en esa soledad. Sólo entonces, se encamina libre y confiado, sin importar adónde y sin importar cuándo sucederá, porque sabe… que hallará otro corazón latiendo al unísono del suyo y sanado por el mismo amor. La herida del amor en el corazón humano, sólo puede ser sanada por el Corazón de Dios.




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