domingo, 27 de marzo de 2016

Reflexión VII Pasos... ¿hacia dónde?



No importa cuántos caminen a tu lado, cuando sientes que vas avanzando solo en tu propio camino. Que nadie más puede ser capaz de comprender tu senda como tú mismo la experimentas y comprendes. Pueden estar… pero nunca en tus zapatos.

Cada paso que das, te acerca o te aleja de la meta. Es importante que tengas en cuenta esto mismo antes de dar uno sólo, porque ninguno de ellos, por insignificante que parezca, carece de sentido. Ni una sola de tus lágrimas, ha sido olvidada por Aquel que se apresta a enjugar tu llanto y a brindarte consuelo en todo tiempo. No estás solo, aunque sientas que no tienes a nadie, aunque experimentes el abandono.

Dios no es un ser lejano o abstracto. Él está allí mismo, cuando parece que caes sin remedio en un abismo infinito. Su mano te sostiene. Pero… ¿cómo es la mano de Dios? Es como la de una madre tierna y amorosa, que levanta al pequeño cuando cae para estrecharlo luego fuertemente contra su corazón. Dios siempre te atraerá hacia su Corazón, fuente y caudal de amor y de misericordia infinitas. No tengas miedo.