Ayer fue un día que se preveía sereno, como casi todo domingo de mi vida. Llevo en general una vida sencilla y un orden que pretendo atesorar más allá de las vicisitudes que no pueden evitarse y que hay que enfrentar. Hablo de esas de “sí o sí”, de las que no dan tregua ni admiten rodeos porque si los hubiera, de seguro los encontraría y atreviéndome a confiar casi con temeridad, saldría airosa. Caminaba. Respiraba. La brisa estaba fresca y el clima templado. Hasta las calles que cotidianamente recorro, me parecían más apacibles que de costumbre. El destino hacia el cual me encaminaba, era de lo más amable para mí y mi corazón ya reposaba en ese encuentro que se repite y no, domingo a domingo, porque el resultado es siempre novedoso aunque parezca más de lo mismo. Iba pensando en cosas agradables, eso recuerdo. Volvía a mirar con asombro y pensaba en la mirada de los niños, rogando por ellos para que no perdieran esa inocencia que veo tornárseles cada vez más esquiva y más tempranamente irrecuperable. Pensaba en esa anciana de ochenta y tantos años, mi vecina, que con manifiesta alegría e ilusión cuasi infantil, se recreó mirando ayer a ese pequeño colibrí que libaba las azuladas florecitas del jardín de mi madre. Y mi madre pretendía distraerla con no sé qué chismerío mientras mi mirada se deleitaba posándose primero en el rostro absorto de aquella ancianita vuelta de pronto una niña y luego en ese colibrí multicolor, movedizo y vibrante. Vino a mi mente ese “proyecto de amazonas” que mi madre había logrado generar en el patio de casa cultivando como en un símil edén, plantas de toda especie que llegara a sus manos. Cómo ella misma se jactaba de tener la capacidad de hacer florecer especies casi imposibles de lograr para cualquier otro ser humano. Mi madre y su devoción religiosa por los vegetales. Mi vecina me ayudó a volver a recordar lo bueno que resulta dejarse sorprender por esas pequeñas cosas que a veces voy dejando en el olvido porque paso sin mirarlas, sin percatarme de ellas aunque están ahí para maravillarme. Ella, pensé, después de tantos años y de ver tantas cosas, a través de sus ojos cansados y gastados, puede volver a mirar con un asombro infantil y conmoverse por eso. ¡Qué belleza! De pronto todos esos años e imágenes se hicieron polvo y la magia de un instante la convirtió en una niña. Sentí envidia, debo reconocerlo. En mi ir y venir vertiginoso, pierdo muchas veces lo que me propuse no perder de vista nunca: lo esencial de la vida, vivir en mi centro y allí encontrarme a mí encontrando a Dios. Luego volví mis ojos hacia los jacarandás florecidos y las alfombras añiles que van dejando en el suelo. Recordé a una persona que mencionó que había redescubierto su lugar desde otra perspectiva a través de esta visión tan simple y a la vez maravillosa. Yo le dije que a mí también me gustan mucho estos arbolitos de color tan peculiar. He de confesar que es una de las frustraciones ocultas de mi madre. Nadie vaya a decirle por qué no tiene un jacarandá en su casa: podría ofenderse gravemente. No lo tiene porque no pudo lograr que sobrevivan y se secan antes de florecer. Aunque esta condición puede cambiar de un momento a otro. Lo mismo sucedía con la estrella federal, y en la actualidad hay brotes de esta planta en cada rincón del jardín. Quizás cada cosa tiene su tiempo y no llegó aún el de los jacarandás. Por suerte no faltan en los alrededores de mi casa, y me deleito viéndolos por todas partes. Supongo que debe ser una de las plantas favoritas de nuestro intendente, que tanto las ha hecho proliferar. A medida que avanzaba en mi camino divisé un ceibo colmado de flores, derramando sus lágrimas carmesíes en la vereda y hasta un poco más allá, alcanzando la calle. Me puse a pensar en el por qué es nuestra flor nacional y que debe haber detrás de esto una historia desconocida que me propuse investigar cuanto antes. Seguramente es un árbol autóctono, pensé. Y así continué admirando la flora que abunda por aquellas calles y venía a mi mente la idea de que cada vez veo a más gente ocupándose de los animalitos callejeros. Tachos con agua en las veredas. Alimento para perros desparramado por doquier. Caricias dadas al azar. ¿De qué se tratará esta nueva toma de conciencia, esta ternura que se despierta hacia esos seres tantas veces indefensos y maltratados? Primero se apiada una persona y luego otra, y me voy enterando de que hay muchos detrás de esta campaña silenciosa y caritativa hacia los animales. A mí misma este año me tocó el corazón y adopté una pequeña gatita que mientras escribo estas palabras, dormita plácidamente sobre la cama que prometí jamás ceder a ningún animal. Pero he aquí la puesta a prueba de mi flexibilidad. Y sí, pretendo ser permeable al cambio y celebro que no soy obcecada por el sólo hecho de serlo, salvo cuando la situación y circunstancia lo ameritan y comprendo que no es obstinación de mi parte, sino firmeza necesaria.
En fin, la caminata llegaba a su fin… pero a pocos metros de alcanzar la meta, me detuvo la noticia infausta, la ocasión ineludible, la que no permite treguas ni rodeos, el enfrentarme a la temible falta de respuestas ante una situación que de pronto oscureció el cielo y tornó todo más oscuro, inexplicable y tenebroso. Una voz que desdibujó de un solo trazo el panorama simple y luminoso que mi mente había forjado en el camino. Me quedé sin palabras amenas, sin ideas bonitas. Un escalofrío me recorrió el cuerpo y el alma al mismo tiempo. De pronto necesitaba retornar a lo profundo de mi ser, desde donde pudiera quizás, emerger algo de claridad o una plegaria al menos. Lo demás, no lo puedo nombrar por lo terrible, pero son cosas que también, inexplicablemente, inevitablemente, pasan.
Creando mi propio espacio para dar a conocer mis producciones plásticas y literarias... Mi mundo interior.
viernes, 25 de septiembre de 2015
viernes, 18 de septiembre de 2015
A mis amigos
Esto que
escribo intenta dar respuesta a algunas inquietudes de distintas personas que
se han acercado a mí en estos últimos días en busca de consuelo o de consejo
ante diversos acontecimientos que se están dando en nuestra humanidad. La
verdad es que muchas veces a mí también las respuestas se me hacen
esquivas… Pero hoy, gracias a Dios, bastó una situación de esas que no es
tan raro que se den durante el ejercicio de la docencia, para echar un poco de
luz a este asunto. Estaba en una de las escuelas secundarias en las que
trabajo, cerrando el segundo informe anual de calificaciones. A varios,
de los más de cuarenta alumnos que asisten a este curso, al entregarles su nota
les dije que intentaran esforzarse un poco más en el último trimestre, y luego
se retiraban asintiendo con la cabeza o diciendo “sí, profe”. Uno de
ellos, sin embargo, lejos de dar la respuesta esperada (o no), contestó “¿Y
para qué?”. Esas tres palabritas resonaron muy profundamente dentro de mí
y me llevaron a cuestionarme y replantearme muchas cosas. No tuve
demasiados argumentos en ese instante para darle una contestación convincente y
ni siquiera estoy segura de que quisiera convencerlo de lo contrario… No
porque piense que es vano esforzarse en esta vida y dar lo mejor de uno mismo
desde el corazón: eso lo creo firmemente. Pero, hay un fundamento
para nuestras acciones y actitudes ante la vida que hace que, si ese
fundamento falta, todo esfuerzo parezca vano y sin sentido. ¿Quién, que
tenga un poco de cordura, gastaría sus fuerzas y energías en mejorarse a sí
mismo para una vida que no es sino un verdadero valle de lágrimas, dolores,
pesadumbre, decepciones, pérdidas constantes, amargura…? Yo no lo haría,
definitivamente.
Vivimos en
un mundo en el cual el materialismo se ha vuelto el gran protagonista.
Aún muchos de los que nos llamamos cristianos, somos ateos y
materialistas en la práctica. Hablamos de Dios, decimos que creemos en
Él, pero vivimos y actuamos como si no existiera… Le quitamos a nuestra
vida y a nuestras actitudes el cimiento y fundamento sobre el cual deberían
estar sustentadas. ¿Y qué nos queda? Muchos se preocupan de los
acontecimientos, de supuestos cataclismos por venir… Pero del cataclismo
que hay en el alma y en el corazón del hombre, son pocos los que se
acuerdan. Porque del corazón del hombre sin Dios, emergen las peores y
más terribles calamidades que ni siquiera somos capaces de imaginar.
¿Esforzarse y trabajar por esta vida? Yo repito con mi alumno ¿Y para
qué?
Algunos
piensan aún como siempre han pensado tantos: “estos cristianos… que rezan
y se privan de tantas cosas en esta vida por una supuesta vida después de la
muerte… ¡vaya tontos!”. Lo que no saben es que no es necesario morir
literalmente hablando, porque si esta vida la vivimos con Cristo, se
transfigura ya en vida eterna. Es por eso que el verdadero cristiano,
encuentra felicidad y consuelo aún en medio de lo que podrían considerarse como
tremendas fatigas, sufrimientos y tribulaciones. No por una vida que
esperamos, sino por una vida que YA estamos viviendo. Dios no nos
necesita héroes, ni triunfadores, ni gloriosos… El más humilde, el más pequeño, es el
que más cerca está de Dios porque más necesitado se sabe de Él.
Ojalá entendamos con el corazón esta realidad de que más necesitamos a Dios cuanto
más débiles nos sentimos. Dios es amor y el amor no conoce de límites a
la hora de abrazar nuestra pobreza, nuestra enfermedad, nuestra
debilidad… Dios perdona porque ama, y perdona siempre que se lo pedimos.
Debemos aprender a perdonarnos a nosotros mismos y a perdonar de corazón
a los demás... Se hace necesario y urgente vivir en el perdón, dado y
recibido.
Perdonar, comprender, amar...
Por otra parte, si seguimos los mensajes dados por nuestro Señor Jesús y por María, nuestra Madre del Cielo, tratemos de ir a la parte medular del mensaje que siempre fue, es y será, la conversión del corazón a Dios, volver a Él, arrepentirnos, dejar el camino del mal y ser personas de paz, como verdaderos hijos suyos... Hay quienes siguen los mensajes con un afán de escudriñar misterios, encontrar "algo" extraordinario, nuevo... Anticipar catástrofes naturales, guerras y otros flagelos a nivel global. Ese no es el camino... Eso es perder tiempo precioso e irrecuperable. La Santísima Virgen siempre nos pide lo mismo: oración, oración, oración. Su mensaje no ha variado a través de los siglos y ¿quién mejor que Ella sabe tan bien lo que necesitamos? ¿Quién nos querrá más plenamente felices sino Ella? "Hagan lo que Él les diga", he aquí el eco incesante que resuena desde hace dos mil años para todos sus hijos... Cualquier otra cosa es distracción, vanidad de vanidades y correr tras el viento.
Por otra parte, si seguimos los mensajes dados por nuestro Señor Jesús y por María, nuestra Madre del Cielo, tratemos de ir a la parte medular del mensaje que siempre fue, es y será, la conversión del corazón a Dios, volver a Él, arrepentirnos, dejar el camino del mal y ser personas de paz, como verdaderos hijos suyos... Hay quienes siguen los mensajes con un afán de escudriñar misterios, encontrar "algo" extraordinario, nuevo... Anticipar catástrofes naturales, guerras y otros flagelos a nivel global. Ese no es el camino... Eso es perder tiempo precioso e irrecuperable. La Santísima Virgen siempre nos pide lo mismo: oración, oración, oración. Su mensaje no ha variado a través de los siglos y ¿quién mejor que Ella sabe tan bien lo que necesitamos? ¿Quién nos querrá más plenamente felices sino Ella? "Hagan lo que Él les diga", he aquí el eco incesante que resuena desde hace dos mil años para todos sus hijos... Cualquier otra cosa es distracción, vanidad de vanidades y correr tras el viento.
viernes, 3 de julio de 2015
Colores...
A mí me gustan los colores,
los tenues y los vivos, todos.
A ti, una gama gris
de muy pocos matices,
te define.
Y cómo, entonces,
haces vibrar mi mundo
latir mi corazón
de tal manera…
domingo, 10 de mayo de 2015
miércoles, 8 de abril de 2015
Escritos con historia, de la niña PAS que fui... Parte V
1994 (16 años de
edad)
A veces el aire
vuelve a ser el mismo, quién sabe
Por esos
movimientos de la tierra
Puedo sentir otra
vez el aroma de mi infancia
Y yo también,
vuelvo a ser la que era.
Sin dejar escapar
de mis pulmones
El oxígeno que
antes me dio vida
Como inerte me
quedo, y soñando…
Con la cara al
sol, el mismo que le dio
Calor a aquellos
días.
Siento vibrar mi
alma, como un leve tintineo
Dentro de mí,
fuera de mí, quién sabe.
Eres como ese
aire lejano, de mi infancia
Que no dejo
escapar: recuerdo tan amado;
Eres como esa
lluvia, que mojaba el asfalto
Y yo corría, sin
importarme nada.
Vuelvo a correr
descalza y sin abrigo, hacia el mañana.
Quiero soñar que
deja de llover y que te encuentro…
No es una locura
pensar que nada más existe:
Mañana tú,
siempre tú, fuera o dentro de mí, quién sabe.
miércoles, 1 de abril de 2015
Escritos con historia, de la niña PAS que fui... Parte IV
Año 1994 (15-16 años de edad)
El tiempo pasa entre nosotros
pero no nos lleva...
No nos arranca de este suelo
ni del cielo.
El tiempo pasa
como pasa la lluvia:
nube gris,
deshecha en finas gotas.
Si tus brazos fueron alas
y volaste,
y no entendí,
tal vez ahora, lo comprendo...
El tiempo
ya no te tiene prisionero
y las horas no existen,
¡se detuvieron todas juntas ese día!
A las noches oscuras, las encendieron
las luces titilantes
de las tantas estrellas que descubrí
al mirar al cielo, buscándote.
Como al principio el sol
se me apagó estallando en mil pedazos...
Mi pequeño, mi dulce viajero,
el sol, no había estallado
¡eran mis ojos!
y las gotitas de luz
sólo eran lágrimas.
martes, 31 de marzo de 2015
Escritos con historia, de la niña PAS que fui... Parte III
1993 (14-15 años de edad)
Una lágrima del cielo
Rodó por mi frente,
Comprendí que ya
comenzaba a llorar.
Elevé mis ojos,
y lo vi muy azul,
Escritos con historia, de la niña PAS que fui...
Allá por el año 1997, junté lo que creía que eran todos mis escritos hasta esa fecha y me deshice de ellos en un acto de renuncia a mi pasado. Años más tarde, arrepentida de esta acción, pude recuperar algunos manuscritos, que providencialmente, en lugar de separar por título, los había separado por fechas, guardando cada uno la suya. Este es el primero que encontré, aunque lamentablemente, no el primero que escribí. Desde los seis o siete años, comencé a escribir todo lo que sucedía en mi mundo interior y que no me era permitido expresar de otra manera. Sólo he corregido la ortografía, aunque no la gramática ni los tiempos verbales.
Año 1988 (diez años de edad)
Perdí el sentido de las cosas bellas
Y me sumergí en un mar innavegable;
Caí en las aguas y me atrapó una ola
Y de esa pesadilla viva, desperté.
Jamás volví a saber de aquel sueño terrible
Del que emergió mi alma inanimada,
El aire estaba denso y se sentía
De un amargo dolor, llorar el alba.
Amanecía… y desde entonces
Las lágrimas del día propagadas
Caían como estrellas apagadas
Sobre el azul intenso de las aguas.
Quedaron encendidas un momento
Y luego de observarlas me olvidaba
Y me dejé llevar, muy lentamente
Hacia una luz que se encendía y se apagaba.
Deseaba entonces descifrar tanto misterio,
Inolvidables voces, me aclamaban,
Escruté más allá del horizonte
Y divisé la luz del sol desfalleciendo.
No sé qué hacía allí, permanecía inmóvil
Dejándome llevar por la corriente,
Sólo quería buscar una salida,
Que acudieran en mi auxilio las gaviotas,
Pero estaba como muerta, ya no hablaba.
sábado, 28 de marzo de 2015
La sonrisa del payaso triste (13/08/2014)
Un hombrecito de lata
Me sonreía en un sueño
Cuando un rayo de luz blanca
Pintó en su frente un destello.
La bailarina danzaba
Y una hormiguita dorada
Ornamentaba la seda
Que finamente llevaba.
Allí mismo, había un payaso
Descolorido y muy triste
Con dos lágrimas brillantes
que de sus ojos colgaban.
Alrededor todo era
Alboroto y alegría…
Imágenes que aunque quiera
Contarlas yo no podría.
Mas aquel payaso triste
La atención me demandaba,
Su honda tristeza sentía
Y no podía hacer nada.
Por fuera todo girando
Y girando me arrastraba
Hacia un mundo imaginario
Que tanto me deslumbraba.
Luego vi esas gruesas lágrimas
Convirtiéndose en diamantes
Que a la luz de pleno día
Mil colores irradiaban.
Yo los tomé con mis manos
Tornándome hacia el payaso
¡al fin le devolvería
Los colores que buscaba!
Pero el payasito triste
No musitó una palabra…
Vi en sus manos los diamantes
Trocándose en piedra opaca.
Al fin entreabrió los labios
-¡Déjalo, no me hace falta!
Y me causó tal dolor
Que me brotaron del alma
Unas lágrimas enormes
Y de color esmeralda.
El sol brilló sobre ellas
Y brilló sobre el payaso
Y de pronto mil colores
Lo cubrieron y llenaron
Dibujando una sonrisa
Roja y nítida en sus labios.
martes, 24 de marzo de 2015
Profecías III 05/09/2014
Una alabanza sincera
del corazón más pequeño;
una alabanza al Eterno,
Único Nombre que salva.
Aquel ante el cual se inclinan
hombres de todos los pueblos,
los seres del inframundo
y seres del Alto Cielo.
Unos te alaban, diciendo:
¡Bendito eres Tú, que vuelves
entre los santos del Cielo!
¡Bendito en el firmamento!
Otros te alaban diciendo:
¡Ven, Señor, y ya no esperes,
que nuestros huesos quebrantan
ya las puertas del infierno!
¡Ven, Señor y ya no tardes,
tu Pueblo espera gimiendo
y los gritos de los pobres,
de los que viven sufriendo
se elevan a tus oídos
conmoviendo el ancho cielo.
Tú sólo salvas, Dios bueno,
que lo confiesen los seres
que a la existencia llamaste.
Aquellos que fueron fieles
y los que te obedecieron.
Tú, Soberano de todo,
único Rey y Maestro,
¡vuelve, Cristo, ya no tardes!
Te esperamos hace tiempo.
Profecías I 30/08/2014
Sonaron las campanas
una a una,
las estrellas del cielo
iban cayendo.
Se aventuraba el viento
en remolinos
y en feroces esfuerzos
lo suspendía todo en andanadas.
Avanzaban lentamente
multitudes... no escuchaban
y apenas vislumbraban el camino,
arrasadas de aire y de quebranto.
Sollozaban las horas
un lamento de espera,
no vacilaba el tiempo
en su camino.
Uno... dos, avanzaba,
tres y cuatro... seguía.
Cinco y seis... y hasta el séptimo;
luego retrocedía.
La nada en el abismo
fangoso y doloroso,
la nada estremecida
de vientos y fragores.
Viento sur: sopla y suena.
Viento sur: sube y baja
en las alas del águila
dorada y calcinante.
Es de luz y de fuego:
a unos quema, a otros
su calor vuelve a la vida
luego del gélido invierno.
¡Sumérgete en las aguas,
sube al monte,
arrójate a la tierra,
refúgiate en los médanos!
No hay escape...
pues ves, todo es silencio,
tórnate a ti,
a ti vuelve la vista.
Inclínate y escucha
lo que nunca has oído:
un trueno... la voz
de un trueno que te habla.
Como una queja contra ti,
irrumpe indómita
adentro de tu alma
y abre el lugar secreto.
Allí te desconoces,
no te crees a ti mismo,
no te cuentas y sabes
que no eres de fiar.
Y te avergüenzas... feliz vergüenza,
te trae del vacío hacia la luz.
Llegaste al fin
adonde de ti mismo te ocultabas.
No sabías qué eras...
lo que eras,
no sabías quién eras, mas ahora
tienes un nombre nuevo.
Eres llamado
y puedes escuchar;
ha huido tu sordera
y ya respondes.
Profecías II 01/09/2014
La soledad del trueno
estrépito de sinrazones
horizontes oscuros
y lejanos destellos.
Destila el cielo
una humedad cuajada
vertida en las entrañas
del océano.
Allí, los submarinos
y los monstruos marinos
se sofocan en el calor
que sube hasta las nubes.
Es incontenible...
la humanidad no puede
rehuir ese flagelo
tan terrible.
La tierra se estremece
y la luna se esconde
en su propio quebranto;
el agua conocida: ¿a dónde está?

Se ha evaporado
y tiembla desnuda
la roca que descansaba
en lo profundo.
Por la furia del viento
los árboles de a poco
van cayendo... desaparecen
el alto y el pequeño.
Se mueven las sombras lastimeras,
más que nunca
pues queda poco tiempo
a sus lamentos.
Y más nunca se oirán
sus quejumbrosas voces
quedando sepultadas
bajo el portal eterno.
El corazón del hombre
por libertad gritaba
y ya no se oye un grito
ni ya se ve una lágrima.
En el rostro, el espanto,
en las manos unidas
la plegaria encendida
sube a las cumbres, hasta el cielo.
La plegaria del alma
se ha unido a aquellas almas
que han hincado las rodillas
dispuestas para orar.
Al unísono
responden otras voces
y se alzan como un himno
hacia lo alto.
Y miras otros rostros
que te miran;
en un mismo sentir
se elevan oraciones.
Al fin se reconocen
los unos a los otros
y al fin llaman
al hermano, hermano.
miércoles, 11 de marzo de 2015
El ser indefinido (Cuento breve) Año 2008
Hace tiempo, un personaje inventado por mi mente construyó su historia en un paisaje onírico. Sin embargo, hastiado de los puntos y de las líneas que contorneaban apenas su ser informe e incoloro, resolvió emprender su fuga en el camino, a oscuras, mientras yo dormía.
A su paso por las concavidades de mi alma, despertó en ella ideas y sentimientos ya olvidados, de tal modo que esa noche, un tropel de imágenes indescifrables, emergieron desde lo más recóndito de mi interioridad, interrumpiendo en varias ocasiones mi sosiego y mi descanso.
Este ser, nacido de un sueño, soñaba a su vez con adquirir volumen, anhelaba tener una figura tangible y ocupar un lugar en el espacio real, para verse transfigurado por los efectos de la luz, a fin de proyectarse y modificar el entorno. Imaginaba el exterior como una gloriosa armonía de luces y de sombras; de líneas perfectamente definidas y de seres corpóreos, coloridos.
Fue así que desprendiéndose del plano de mis sueños, se abrió paso hacia el umbral de la realidad, filtrándose por la vía de los pensamientos más efímeros, que son aquellos que no alcanzan a hacerse plenamente conscientes. Pero le faltaba un grande y arriesgado salto todavía. Si este fallaba, quedaría atrapado para siempre entre los pensamientos e ideas irresolutos y desechados, cuya condena es vagar perpetuamente por los límites de la conciencia, ininteligibles, prisioneros de tinieblas, vacíos de esperanza, oscuros, tenebrosos...
Ante el umbral de la realidad, distinguió el límite exacto hacia la concreción de las ideas. Intuyó que en adelante, habría de recorrer a tientas el camino. El paisaje era confuso, tornadizo y no había certezas en lo que vislumbraba.
Contempló pasmado la sucesión de extraños y maravillosos escenarios que repentinamente se desplegaban ante su vista y llevado por el incontenible deseo encendido en sus desdibujadas entrañas, no dudó y en el momento preciso en que me disponía a plasmar un dibujo sobre el horizonte blanco de una hoja, se deslizaron primero, unas líneas informes que poco a poco, se fueron definiendo y cubriendo de vivísimos colores, casi luminosos.
A pesar del feliz resultado de su viaje audaz y valeroso por los vericuetos de mi mente y no conforme con lo ya obtenido, sigue planeando al fin, una futura fuga del plano de mi hoja.
A su paso por las concavidades de mi alma, despertó en ella ideas y sentimientos ya olvidados, de tal modo que esa noche, un tropel de imágenes indescifrables, emergieron desde lo más recóndito de mi interioridad, interrumpiendo en varias ocasiones mi sosiego y mi descanso.
Este ser, nacido de un sueño, soñaba a su vez con adquirir volumen, anhelaba tener una figura tangible y ocupar un lugar en el espacio real, para verse transfigurado por los efectos de la luz, a fin de proyectarse y modificar el entorno. Imaginaba el exterior como una gloriosa armonía de luces y de sombras; de líneas perfectamente definidas y de seres corpóreos, coloridos.
Fue así que desprendiéndose del plano de mis sueños, se abrió paso hacia el umbral de la realidad, filtrándose por la vía de los pensamientos más efímeros, que son aquellos que no alcanzan a hacerse plenamente conscientes. Pero le faltaba un grande y arriesgado salto todavía. Si este fallaba, quedaría atrapado para siempre entre los pensamientos e ideas irresolutos y desechados, cuya condena es vagar perpetuamente por los límites de la conciencia, ininteligibles, prisioneros de tinieblas, vacíos de esperanza, oscuros, tenebrosos...
Ante el umbral de la realidad, distinguió el límite exacto hacia la concreción de las ideas. Intuyó que en adelante, habría de recorrer a tientas el camino. El paisaje era confuso, tornadizo y no había certezas en lo que vislumbraba.
Contempló pasmado la sucesión de extraños y maravillosos escenarios que repentinamente se desplegaban ante su vista y llevado por el incontenible deseo encendido en sus desdibujadas entrañas, no dudó y en el momento preciso en que me disponía a plasmar un dibujo sobre el horizonte blanco de una hoja, se deslizaron primero, unas líneas informes que poco a poco, se fueron definiendo y cubriendo de vivísimos colores, casi luminosos.
A pesar del feliz resultado de su viaje audaz y valeroso por los vericuetos de mi mente y no conforme con lo ya obtenido, sigue planeando al fin, una futura fuga del plano de mi hoja.
lunes, 9 de marzo de 2015
La vida es un constante "perder para ganar" 31/03/2005
Alma: Señor mío, cuánto más tendré que soportar que se desgarre mi corazón cuando se van de mi lado aquellos seres a quienes amo, ya sea porque otras cuestiones los alejan de mí, o porque todos caminamos inexorablemente hacia la muerte... ¿Cuánto más sufriré tanta añoranza de los tiempos bien gastados y que ya no están ni volverán, y tanto arrepentimiento por los tiempos perdidos vanamente? Por aquellas palabras que no dije y por aquellas que estuvieron de más. Por aquellos abrazos y caricias que negué y por esas veces que mezquiné mi compañía a quien me necesitaba.
Jesús: pequeña alma mía, has de saber que la vida es un constante "perder para ganar". Hoy has ganado al darte cuenta de algo que muchos morirán ignorándolo y es de cuánto se han perdido. ¿Crees que es poca ganancia? Antes bien, es un gran paso para afrontar el cambio.
Alma: Pero Jesús... ¡extraño tanto a aquellos que se fueron! Que siento que me muero yo también al recordarlos. Me pesa la ausencia de esos seres que llenaban mis días con su luz y me alegraban con su compañía. No logro comprender, aunque sepa que así debe ser. ¿Por qué soy en este triste mundo tan sólo un peregrino? ¿Por qué debo acostumbrarme a perder lo que más amo, poco a poco, hasta que al fin la misma muerte, se lo lleve todo y no deje ni las huellas de mis pasos en la tierra?
Jesús: Aún así, entiende que la vida es un constante "perder para ganar". Has disfrutado, es cierto, de la compañía de esos seres que estuvieron a tu lado y ya no están como antes. Mas, no los creas perdidos; debes ganarlos en esta nueva y singular manera que tienen ahora de acompañarte. Piensa, antes bien, que si descansan ya y viven en Mí, ¡los has ganado para siempre! Y ya ni siquiera la muerte te los podrá arrebatar.
Alma: ¡No entiendo! Me resisto tantas veces y tengo el corazón entristecido y lleno de heridas dolorosas y sangrantes. Y tú, en cambio, me hablas de "esperar" porque la historia, no se termina acá. Sé que pongo mi mirada en esta vida pero, ¿cómo haré para mirar más alto? Ves que han calado hondo en mi interior esas ideas que el mundo me inculcó. Oigo continuamente que cuanto puedo ver y tocar, es lo único real y que pensar en otra vida, es sólo una fantasía, una ilusión necesaria para hacer más llevadero mi pesar y mi pasar.
Jesús: Alma mía, ¿has dejado de esperar? ¡La esperanza no es una ilusión! Sino virtud heroica que se ha de conquistar. Aunque todo sea oscuro y te parezca que ni un rayo de luz surca tu cielo, debes saber que el sol permanece igualmente en su lugar. Y no porque te digan muchos que ya no está, es sensato que así lo aceptes y lo creas. Guarda en tu corazón los recuerdos luminosos y ganarás en la certera esperanza del reencuentro. ¡No puedes imaginar tanta felicidad como será!
Alma: Escucho, mi Señor, y sé y reconozco que tienes la razón. ¡Quiero creer! Mas tenme compasión y aumenta en mí, la fe. Sé que voy a envejecer, que todo cambia; que cuando era niño, tenía una familia, un barrio, un colegio y algún lugar secreto en el cual recrearme y que era sólo para mí... que incluso el cielo se veía distinto con mi mirada nueva y clara, y así, mi fe era sencilla y no cuestionaba nada. También muy simple era mi vida. Pero fui creciendo y para qué decirlo, he comenzado la vertiginosa carrera de perder.
Jesús: Mas Yo te digo, que no has perdido nada. Que en Mí, tu vida, es tan sólo ganancia. Has ganado en memorias y también al descubrir que ese lugar secreto no está afuera, sino dentro de ti. Se han ensanchado los espacios y tienes tantas casas que te esperan con las puertas abiertas. Se han multiplicado tus hermanos y te di como familia a toda la humanidad. Así, el amor que sentías, fue creciendo y ¡cuántos más te aman! Te di a tantos que comparten contigo valiosísimas e irrepetibles horas de su tiempo, a través de las cuales ellos mismos se donan a ti. Porque esto es también dar la vida por los amigos: compartir con ellos los gozos y las lágrimas, darles una palabra de aliento, sonreír y mirar con amor a aquel que se siente solo, abandonado, despreciado... obra así y procura el bien de los que te rodean y verás crecer tu fe y tu esperanza en la vida eterna. Donde hay amor, no puedo estar ausente y donde Yo estoy, la esperanza es certeza y confianza. Un día, acabará todo dolor y toda lágrima se evaporará de tu rostro.
Entonces, hallarás junto a Mí a los seres que amas y reinarán la amistad y el amor que creías perdidos para siempre. ¡Cómo explicarlo! Cada pequeño sufrimiento de esta vida, prepara para ti, una felicidad incomparable y sin ocaso, pues ya tampoco existirán las limitaciones del tiempo y del espacio. ¡Créeme alma mía, y descansa en esta esperanza que te doy!
Jesús: pequeña alma mía, has de saber que la vida es un constante "perder para ganar". Hoy has ganado al darte cuenta de algo que muchos morirán ignorándolo y es de cuánto se han perdido. ¿Crees que es poca ganancia? Antes bien, es un gran paso para afrontar el cambio.
Alma: Pero Jesús... ¡extraño tanto a aquellos que se fueron! Que siento que me muero yo también al recordarlos. Me pesa la ausencia de esos seres que llenaban mis días con su luz y me alegraban con su compañía. No logro comprender, aunque sepa que así debe ser. ¿Por qué soy en este triste mundo tan sólo un peregrino? ¿Por qué debo acostumbrarme a perder lo que más amo, poco a poco, hasta que al fin la misma muerte, se lo lleve todo y no deje ni las huellas de mis pasos en la tierra?
Jesús: Aún así, entiende que la vida es un constante "perder para ganar". Has disfrutado, es cierto, de la compañía de esos seres que estuvieron a tu lado y ya no están como antes. Mas, no los creas perdidos; debes ganarlos en esta nueva y singular manera que tienen ahora de acompañarte. Piensa, antes bien, que si descansan ya y viven en Mí, ¡los has ganado para siempre! Y ya ni siquiera la muerte te los podrá arrebatar.
Alma: ¡No entiendo! Me resisto tantas veces y tengo el corazón entristecido y lleno de heridas dolorosas y sangrantes. Y tú, en cambio, me hablas de "esperar" porque la historia, no se termina acá. Sé que pongo mi mirada en esta vida pero, ¿cómo haré para mirar más alto? Ves que han calado hondo en mi interior esas ideas que el mundo me inculcó. Oigo continuamente que cuanto puedo ver y tocar, es lo único real y que pensar en otra vida, es sólo una fantasía, una ilusión necesaria para hacer más llevadero mi pesar y mi pasar.
Jesús: Alma mía, ¿has dejado de esperar? ¡La esperanza no es una ilusión! Sino virtud heroica que se ha de conquistar. Aunque todo sea oscuro y te parezca que ni un rayo de luz surca tu cielo, debes saber que el sol permanece igualmente en su lugar. Y no porque te digan muchos que ya no está, es sensato que así lo aceptes y lo creas. Guarda en tu corazón los recuerdos luminosos y ganarás en la certera esperanza del reencuentro. ¡No puedes imaginar tanta felicidad como será!
Alma: Escucho, mi Señor, y sé y reconozco que tienes la razón. ¡Quiero creer! Mas tenme compasión y aumenta en mí, la fe. Sé que voy a envejecer, que todo cambia; que cuando era niño, tenía una familia, un barrio, un colegio y algún lugar secreto en el cual recrearme y que era sólo para mí... que incluso el cielo se veía distinto con mi mirada nueva y clara, y así, mi fe era sencilla y no cuestionaba nada. También muy simple era mi vida. Pero fui creciendo y para qué decirlo, he comenzado la vertiginosa carrera de perder.
Jesús: Mas Yo te digo, que no has perdido nada. Que en Mí, tu vida, es tan sólo ganancia. Has ganado en memorias y también al descubrir que ese lugar secreto no está afuera, sino dentro de ti. Se han ensanchado los espacios y tienes tantas casas que te esperan con las puertas abiertas. Se han multiplicado tus hermanos y te di como familia a toda la humanidad. Así, el amor que sentías, fue creciendo y ¡cuántos más te aman! Te di a tantos que comparten contigo valiosísimas e irrepetibles horas de su tiempo, a través de las cuales ellos mismos se donan a ti. Porque esto es también dar la vida por los amigos: compartir con ellos los gozos y las lágrimas, darles una palabra de aliento, sonreír y mirar con amor a aquel que se siente solo, abandonado, despreciado... obra así y procura el bien de los que te rodean y verás crecer tu fe y tu esperanza en la vida eterna. Donde hay amor, no puedo estar ausente y donde Yo estoy, la esperanza es certeza y confianza. Un día, acabará todo dolor y toda lágrima se evaporará de tu rostro.
Entonces, hallarás junto a Mí a los seres que amas y reinarán la amistad y el amor que creías perdidos para siempre. ¡Cómo explicarlo! Cada pequeño sufrimiento de esta vida, prepara para ti, una felicidad incomparable y sin ocaso, pues ya tampoco existirán las limitaciones del tiempo y del espacio. ¡Créeme alma mía, y descansa en esta esperanza que te doy!
martes, 3 de marzo de 2015
Perdona... Ama... Abraza...
Salí a caminar como de costumbre. Entre la multitud desconocida, me llamó la atención reconocer algunos rostros y para mi mayor asombro, de a poco pude ver en ese gentío, a todas las personas que de alguna manera, habían pasado o estaban en mi vida. ¡Ya no veía a extraños a mi alrededor! Pude notar que algunos, caminaban muy cerca de mí en el mismo sentido que yo iba; otros, también
domingo, 1 de marzo de 2015
Reflexión VI: Desencontrados...

El mundo está lleno de corazones que fueron hechos el uno para el otro. Pero el mundo es inmenso. Lo mismo que la cantidad de seres humanos que lo habitan. Las distancias son enormes. Las circunstancias de vida, singulares e infinitas. El tiempo que tiene cada uno, limitado y efímero. Por eso, las posibilidades de encontrar ese corazón que late fuera, pero que es la otra mitad del nuestro, son prácticamente nulas… La realidad de ese encuentro, sólo puede concretarse por intervención de la acción divina, es decir, por un milagro.
El mundo está lleno de corazones "desencontrados", que laten su medio latido y viven a medias, sin encontrar su otra mitad que en otro rincón del mundo, experimenta exactamente lo mismo. Por esa razón, y con la intención de que ese dolor tan profundo sea mitigado, la mayoría, la inmensa mayoría de los mortales, busca en su soledad, otro corazón, no el que late al unísono, sino otro que se siente tan dolido y solo como el suyo.
Ahora, podríamos cuestionar qué crueldad tan mayúscula es esta. ¿Por qué si Dios creó dos corazones que son el uno para el otro, lo más posible es que jamás se encuentren en el camino de la vida? Pues verán, tras largos e intensos años de experiencia y reflexión profunda, comprendí que el amor jamás será mediocridad, aunque intenten vaciarlo de su contenido nombrándolo aquí y allá de mil maneras. Tampoco se conformará con la mediocridad. El hecho es que cuando estos dos corazones al fin se cruzan, lo más sublime del universo, acontece. Y lo más sublime del universo, es el amor eterno, incondicional, sin sombras, sin dolor y sin heridas.
Se preguntarán si acaso es posible que exista en este mundo tan oscuro y superfluo, tal amor… Y yo digo que sí, que es sin lugar a dudas posible porque son posibles los milagros. De otro modo, sé que hay un Corazón que se ha dejado herir latiendo por cada uno de nosotros pero individualmente, personalmente. Y este Corazón no anda perdido por algún rincón lejano e ignorado, sino que recorre calles y casas, montañas y valles, ríos y mares, inquieto por encontrarse cara a cara con ese otro corazón que ama tan profundamente y que se le escapa porque ignora que Él anda buscándolo por todos los caminos y sin descanso.
Porque ese Corazón me ha encontrado en el camino de mi vida, sé que existe la posibilidad de amar de un modo pleno y perfecto, tal y como Él me ama. Y he concluido en que el amor verdadero, en definitiva, se realiza primero en el milagro supremo de este encuentro, porque es entonces que mi corazón herido, cicatriza, deja de doler, late con Otro y ya no se encuentra en esa soledad. Sólo entonces, se encamina libre y confiado, sin importar adónde y sin importar cuándo sucederá, porque sabe… que hallará otro corazón latiendo al unísono del suyo y sanado por el mismo amor. La herida del amor en el corazón humano, sólo puede ser sanada por el Corazón de Dios.
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