A veces vuelve esa alegría ingenua;
el aire perfumado,
los sonidos amenos...
quisiera retenerlos en mí
y hacer posible
que el tiempo no discurra,
que me espere.
¡Si el tiempo me esperara
en el preciado instante
en el que se fundieron
tu mirada y la mía!...
Ya no habría otros ojos
ni habría ya otros besos,
sólos tú y yo, en lo eterno
de nuestra breve historia.
