Una alabanza sincera
del corazón más pequeño;
una alabanza al Eterno,
Único Nombre que salva.
Aquel ante el cual se inclinan
hombres de todos los pueblos,
los seres del inframundo
y seres del Alto Cielo.
Unos te alaban, diciendo:
¡Bendito eres Tú, que vuelves
entre los santos del Cielo!
¡Bendito en el firmamento!
Otros te alaban diciendo:
¡Ven, Señor, y ya no esperes,
que nuestros huesos quebrantan
ya las puertas del infierno!
¡Ven, Señor y ya no tardes,
tu Pueblo espera gimiendo
y los gritos de los pobres,
de los que viven sufriendo
se elevan a tus oídos
conmoviendo el ancho cielo.
Tú sólo salvas, Dios bueno,
que lo confiesen los seres
que a la existencia llamaste.
Aquellos que fueron fieles
y los que te obedecieron.
Tú, Soberano de todo,
único Rey y Maestro,
¡vuelve, Cristo, ya no tardes!
Te esperamos hace tiempo.