martes, 24 de marzo de 2015

Profecías III 05/09/2014


Una alabanza sincera
del corazón más pequeño;
una alabanza al Eterno,
Único Nombre que salva.

Aquel ante el cual se inclinan
hombres de todos los pueblos,
los seres del inframundo
y seres del Alto Cielo.

Unos te alaban, diciendo:
¡Bendito eres Tú, que vuelves
entre los santos del Cielo!
¡Bendito en el firmamento!

Otros te alaban diciendo:
¡Ven, Señor, y ya no esperes,
que nuestros huesos quebrantan
ya las puertas del infierno!



¡Ven, Señor y ya no tardes,

tu Pueblo espera gimiendo
y los gritos de los pobres,
de los que viven sufriendo
se elevan a tus oídos
conmoviendo el ancho cielo.

Tú sólo salvas, Dios bueno,
que lo confiesen los seres
que a la existencia llamaste.
Aquellos que fueron fieles
y los que te obedecieron.

Tú, Soberano de todo,
único Rey y Maestro,
¡vuelve, Cristo, ya no tardes!
Te esperamos hace tiempo.

Profecías I 30/08/2014

Sonaron las campanas 
una a una,
las estrellas del cielo
iban cayendo.

Se aventuraba el viento
en remolinos
y en feroces esfuerzos
lo suspendía todo en andanadas.

Avanzaban lentamente
multitudes... no escuchaban
y apenas vislumbraban el camino,
arrasadas de aire y de quebranto.

Sollozaban las horas
un lamento de espera,
no vacilaba el tiempo
en su camino.

Uno... dos, avanzaba,
tres y cuatro... seguía.
Cinco y seis... y hasta el séptimo;
luego retrocedía.

La nada en el abismo
fangoso y doloroso,
la nada estremecida
de vientos y fragores.

Viento sur: sopla y suena.
Viento sur: sube  y baja
en las alas del águila
dorada y calcinante.


Es de luz y de fuego:
a unos quema, a otros
su calor vuelve a la vida
luego del gélido invierno.

¡Sumérgete en las aguas,
sube al monte,
arrójate a la tierra,
refúgiate en los médanos!

No hay escape...
pues ves, todo es silencio,
tórnate a ti, 
a ti vuelve la vista.

Inclínate y escucha
lo que nunca has oído:
un trueno... la voz
de un trueno que te habla.

Como una queja contra ti,
irrumpe indómita
adentro de tu alma
y abre el lugar secreto.

Allí te desconoces,
no te crees a ti mismo,
no te cuentas y sabes
que no eres de fiar.

Y te avergüenzas... feliz vergüenza,
te trae del vacío hacia la luz.
Llegaste al fin
adonde de ti mismo te ocultabas.


No sabías qué eras...
lo que eras,
no sabías quién eras,  mas ahora
tienes un nombre nuevo.

Eres llamado
y puedes escuchar;
ha huido tu sordera
y ya respondes.


Profecías II 01/09/2014

La soledad del trueno
estrépito de sinrazones
horizontes oscuros
y lejanos destellos.

Destila el cielo
una humedad cuajada
vertida en las entrañas
del océano.

Allí, los submarinos
y los monstruos marinos
se sofocan en el calor
que sube hasta las nubes.

Es incontenible...
la humanidad no puede
rehuir ese flagelo
tan terrible.

La tierra se estremece
y la luna se esconde
en su propio quebranto;
el agua conocida: ¿a dónde está?




Se ha evaporado
y tiembla desnuda
la roca que descansaba
en lo profundo.

Por la furia del viento
los árboles de a poco
van cayendo... desaparecen
el alto y el pequeño.



Se mueven las sombras lastimeras,    
más que nunca
pues queda poco tiempo
a sus lamentos.

Y más nunca se oirán
sus quejumbrosas voces
quedando sepultadas
bajo el portal eterno.

El corazón del hombre
por libertad gritaba
y ya no se oye un grito
ni ya se ve una lágrima.

En el rostro, el espanto,
en las manos unidas
la plegaria encendida
sube a las cumbres, hasta el cielo.

La plegaria del alma
se ha unido a aquellas almas
que han hincado las rodillas
dispuestas para orar.

Al unísono
responden otras voces
y se alzan como un himno
hacia lo alto.

Y miras otros rostros
que te miran;
en un mismo sentir
se elevan oraciones.

Al fin se reconocen 
los unos a los otros
y al fin llaman
al hermano, hermano.