Comunicación
El aire
comunica, es apertura: le permite a la brisa fluir y aún al mismo huracán, no
lo detiene. Está en ambos y los acompaña
en su recorrido, pero no es la brisa, ni es el huracán. Él, se permite ser… a
veces es serenidad, otras veces fuerza que arrasa, pero no pierde su esencia de
ser simplemente “aire”.
Está bajo la
tierra, para no sofocarla; está en el agua, en las alturas vuela entre las
nubes y se contamina en las grandes urbes más densamente pobladas. Se renueva entre las altas y magníficas arboledas
de los bosques, pero también se complace permaneciendo en la llanura, escondido
entre las florecitas que ocultamente crecen en los prados.
Alimenta el
fuego, y aviva la última chispa para que no se apague. Está presente en el
suspiro de un niño entredormido y no desiste hasta el último aliento de aquel
que se despide de esta vida.
Está en tus
pulmones y en tus venas: sin el aire, no vives, no respiras… Tu corazón, no
late. El aire está entre tus palabras y
las mías, tornando audible cualquier ruido o sonido.
Sin embargo, no
lo vemos, no tiene una entidad visible ni una forma definida que podamos
apreciar o describir sino que sólo lo podemos sentir y percibir.
El aire, es un
misterio para el hombre, pero apenas una imagen de una realidad suprema que lo
trasciende mucho más.
Cuando puedas,
retírate a un lugar tranquilo donde puedas reposar. Respira hondo, toma consciencia de cómo el
aire que entra en ti, te recorre por dentro, llevando vida a cada parte de tu
cuerpo. ¡Aún los pequeñísimos poros de
tu piel, respiran! Por eso, también
siéntelo en tu piel, acariciándote con su frescura y con su suavidad. Déjalo que te abrace, ¿a dónde te transporta?

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