lunes, 9 de marzo de 2015

La vida es un constante "perder para ganar" 31/03/2005

Alma: Señor mío, cuánto más tendré que soportar que se desgarre mi corazón cuando se van de mi lado aquellos seres a quienes amo, ya sea porque otras cuestiones los alejan de mí, o porque todos caminamos inexorablemente hacia la muerte...  ¿Cuánto más sufriré tanta añoranza de los tiempos bien gastados y que ya no están ni volverán, y tanto arrepentimiento por los tiempos perdidos vanamente?  Por aquellas palabras que no dije y por aquellas que estuvieron de más.  Por aquellos abrazos y caricias que negué y por esas veces que mezquiné mi compañía a quien me necesitaba.

Jesús: pequeña alma mía, has de saber que la vida es un constante "perder para ganar".  Hoy has ganado al darte cuenta de algo que muchos morirán ignorándolo y es de cuánto se han perdido.  ¿Crees que es poca ganancia?  Antes bien, es un gran paso para afrontar el cambio.

Alma: Pero Jesús... ¡extraño tanto a aquellos que se fueron!  Que siento que me muero yo también al recordarlos.  Me pesa la ausencia de esos seres que llenaban mis días con su luz y me alegraban con su compañía.  No logro comprender, aunque sepa que así debe ser.  ¿Por qué soy en este triste mundo tan sólo un peregrino?  ¿Por qué debo acostumbrarme a perder lo que más amo, poco a poco, hasta que al fin la misma muerte, se lo lleve todo y no deje ni las huellas de mis pasos en la tierra?

Jesús: Aún así, entiende que la vida es un constante "perder para ganar".  Has disfrutado, es cierto, de la compañía de esos seres que estuvieron a tu lado y ya no están como antes.  Mas, no los creas perdidos; debes ganarlos en esta nueva y singular manera que tienen ahora de acompañarte.  Piensa, antes bien, que si descansan ya y viven en Mí, ¡los has ganado para siempre!  Y ya ni siquiera la muerte te los podrá arrebatar.

Alma: ¡No entiendo!  Me resisto tantas veces y tengo el corazón entristecido y lleno de heridas dolorosas y sangrantes.  Y tú, en cambio, me hablas de "esperar" porque la historia, no se termina acá.  Sé que pongo mi mirada en esta vida pero, ¿cómo haré para mirar más alto?  Ves que han calado hondo en mi interior esas ideas que el mundo me inculcó.  Oigo continuamente que cuanto puedo ver y tocar, es lo único real y que pensar en otra vida, es sólo una fantasía, una ilusión necesaria para hacer más llevadero mi pesar y mi pasar.

Jesús: Alma mía, ¿has dejado de esperar?  ¡La esperanza no es una ilusión!  Sino virtud heroica que se ha de conquistar.  Aunque todo sea oscuro y te parezca que ni un rayo de luz surca tu cielo, debes saber que el sol permanece igualmente en su lugar.  Y no porque te digan muchos que ya no está, es sensato que así lo aceptes y lo creas.  Guarda en tu corazón los recuerdos luminosos y ganarás en la certera esperanza del reencuentro.  ¡No puedes imaginar tanta felicidad como será!

Alma: Escucho, mi Señor, y sé y reconozco que tienes la razón.   ¡Quiero creer!  Mas tenme compasión y aumenta en mí, la fe.  Sé que voy a envejecer, que todo cambia; que cuando era niño, tenía una familia, un barrio, un colegio y algún lugar secreto en el cual recrearme y que era sólo para mí... que incluso el cielo se veía distinto con mi mirada nueva y clara, y así, mi fe era sencilla y no cuestionaba nada.  También muy simple era mi vida.  Pero fui creciendo y para qué decirlo, he comenzado la vertiginosa carrera de perder.

Jesús: Mas Yo te digo, que no has perdido nada.  Que en Mí, tu vida, es tan sólo ganancia.  Has ganado en memorias y también al descubrir que ese lugar secreto no está afuera, sino dentro de ti.  Se han ensanchado los espacios y tienes tantas casas que te esperan con las puertas abiertas.  Se han multiplicado tus hermanos y te di como familia a toda la humanidad. Así, el amor que sentías, fue creciendo y ¡cuántos más te aman!  Te di a tantos que comparten contigo valiosísimas e irrepetibles horas de su tiempo, a través de las cuales ellos mismos se donan a ti.  Porque esto es también dar la vida por los amigos: compartir con ellos los gozos y las lágrimas, darles una palabra de aliento, sonreír y mirar con amor a aquel que se siente solo, abandonado, despreciado...  obra así y procura el bien de los que te rodean y verás crecer tu fe y tu esperanza en la vida eterna.  Donde hay amor, no puedo estar ausente y donde Yo estoy, la esperanza es certeza y confianza.  Un día, acabará todo dolor y toda lágrima se evaporará de tu rostro.  
Entonces, hallarás junto a Mí a los seres que amas y reinarán la amistad y el amor que creías perdidos para siempre.  ¡Cómo explicarlo!  Cada pequeño sufrimiento de esta vida, prepara para ti, una felicidad incomparable y sin ocaso, pues ya tampoco existirán las limitaciones del tiempo y del espacio.  ¡Créeme alma mía, y descansa en esta esperanza que te doy!