Hace tiempo, un personaje inventado por mi mente construyó su historia en un paisaje onírico. Sin embargo, hastiado de los puntos y de las líneas que contorneaban apenas su ser informe e incoloro, resolvió emprender su fuga en el camino, a oscuras, mientras yo dormía.
A su paso por las concavidades de mi alma, despertó en ella ideas y sentimientos ya olvidados, de tal modo que esa noche, un tropel de imágenes indescifrables, emergieron desde lo más recóndito de mi interioridad, interrumpiendo en varias ocasiones mi sosiego y mi descanso.
Este ser, nacido de un sueño, soñaba a su vez con adquirir volumen, anhelaba tener una figura tangible y ocupar un lugar en el espacio real, para verse transfigurado por los efectos de la luz, a fin de proyectarse y modificar el entorno. Imaginaba el exterior como una gloriosa armonía de luces y de sombras; de líneas perfectamente definidas y de seres corpóreos, coloridos.
Fue así que desprendiéndose del plano de mis sueños, se abrió paso hacia el umbral de la realidad, filtrándose por la vía de los pensamientos más efímeros, que son aquellos que no alcanzan a hacerse plenamente conscientes. Pero le faltaba un grande y arriesgado salto todavía. Si este fallaba, quedaría atrapado para siempre entre los pensamientos e ideas irresolutos y desechados, cuya condena es vagar perpetuamente por los límites de la conciencia, ininteligibles, prisioneros de tinieblas, vacíos de esperanza, oscuros, tenebrosos...
Ante el umbral de la realidad, distinguió el límite exacto hacia la concreción de las ideas. Intuyó que en adelante, habría de recorrer a tientas el camino. El paisaje era confuso, tornadizo y no había certezas en lo que vislumbraba.
Contempló pasmado la sucesión de extraños y maravillosos escenarios que repentinamente se desplegaban ante su vista y llevado por el incontenible deseo encendido en sus desdibujadas entrañas, no dudó y en el momento preciso en que me disponía a plasmar un dibujo sobre el horizonte blanco de una hoja, se deslizaron primero, unas líneas informes que poco a poco, se fueron definiendo y cubriendo de vivísimos colores, casi luminosos.
A pesar del feliz resultado de su viaje audaz y valeroso por los vericuetos de mi mente y no conforme con lo ya obtenido, sigue planeando al fin, una futura fuga del plano de mi hoja.

