Ha pasado un año lleno de dificultades, no lo puedo negar. Hubo mucho por lo que lamentarse y llorar, pero ha llegado a su fin. Podría seguir de largo, no hace falta detenerse porque el tiempo y los días, no lo hacen. Pero el ser humano, en algún momento de la historia, decidió dividir el tiempo de su vida en años, en meses, en días, en horas... Más o menos atinadamente, en todas las civilizaciones, se ha dado esta separación. La naturaleza, con su día y su noche, nos marca el fin y el comienzo de un nuevo día. Nosotros, le damos un sentido más pleno a ese suceso que como digo, es natural. Y se lo damos, porque de alguna manera, en ello nos va la vida. Cada vez que el sol se pone, sabemos que nos queda menos tiempo. Cada vez que el sol se asoma, sabemos que, se nos ha dado el privilegio de despertar a la vida un día más.
Si bien ha sido un año lleno de vicisitudes, lo ha sido también de aprendizajes, de experiencia ganada en los aconteceres cotidianos. La vida es un poco eso: camino, aprendizaje, experiencia.
Debo añadir que hubo de todo, porque he aprendido a disfrutar de los pequeños detalles, a apreciarlos y a agradecerlos. ¿Qué sería de nuestra vida sin ellos? Una completa y continua desazón, porque el corazón humano, está hecho para ambicionar grandezas, para volar alto... Si se contenta con menos, es porque la persona ha perdido el sentido y el valor de lo que realmente es. Y lejos estoy de pensar que esas "grandezas" y esos vuelos altos, tengan que ver con cosas materiales: todo lo contrario. Lo material, es lo más bajo a lo que puede aspirar y llegar a poseer el hombre. Necesitamos cosas materiales, claro está, sin algunas de ellas, sería imposible nuestra vida. Hablo de alimentos, de vestimenta, de un refugio donde guarecernos de las inclemencias del clima. Pero ambicionar lo demás, sólo por ambicionarlo, nos deja vacíos, nos vuelve menos humanos, menos capaces de apreciar lo sublime, lo esencial. He ahí una trampa continuamente tendida a nuestros pies. Por eso, hemos de volar alto, para que nada ni nadie nos ate, ni nos esclavice obligándonos a vivir una vida de mediocridad.
Comienza un nuevo año, veámoslo como una nueva oportunidad. Si mañana vemos asomar el sol, demos gracias por otro día que nos han regalado. Caminemos sus horas, como peregrinos, como personas que saben que tienen un destino mayor, una meta suprema por alcanzar. ¡Y no nos conformemos con menos! ¿Habrá dificultades? Por supuesto. ¿Tendremos mucho que sufrir? Pues, ¡claro! Pero vayamos acostumbrándonos a descubrir que no sufrimos vanamente. Que de esta manera podemos aprender a ser personas humildes, compasivas, sabias, cordiales, respetuosas de los otros, de la vida en todas sus manifestaciones, pero sobre todo, de la más débil y necesitada. Recordemos que no sabemos si en algún momento, nosotros mismos o un ser querido se hallará en esa penosa situación. Pensemos... ¿cómo querríamos que nos traten de ser así? Por eso, elijamos proteger al débil, al indefenso que es, por lo general, aquel a quien todo el mundo desprecia. En ese ser, hay un alma tan noble, tan valiosa y digna como la tuya, como la mía. Seamos sembradores de paz allí donde nos encontremos, y sin alardes. Con los más ínfimos gestos, que el resto de las personas sea incapaz casi de notar, seamos hacedores de grandes cambios en nosotros mismos, primero, y luego en nuestro entorno.
Les deseo un año lleno de luz, de paz, de sabiduría, de esperanza... Tengamos mucha esperanza, porque sin ella, todo pierde sentido. ¿Y el amor? No lo nombremos tanto, no le quitemos su profundo y verdadero significado. ¡Vivámoslo en lo concreto!
Creando mi propio espacio para dar a conocer mis producciones plásticas y literarias... Mi mundo interior.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
sábado, 27 de diciembre de 2014
Una forma distinta de vivir la Navidad
Esto lo escribí especialmente para las personas de mi querido grupo de PAS y empáticos con quienes compartimos un modo singular de sentir la vida y de ver la realidad. Quería también compartirlo en mi blog. (25/12/2014 por la noche)
Mis queridos amigos:
Estuve leyendo y releyendo comentarios y publicaciones, ¡cuánto remueve en nuestro interior esta fiesta de Navidad! Espero también se hayan dado cuenta de este detalle. Me parece que hay un torbellino de sentimientos, alegrías, nostalgias, temores, ansiedades y hasta de angustias, algunas medio reprimidas y pujando por salir a ventilarse y ver el sol.
También para mí, es importante descubrir de qué manera me toca el corazón tan profundamente, lo quiera o no, lo reconozca o no. ¿Quién no ha experimentado alguna vez la negación? Me refiero a la propia, porque de la de los otros, enseguida nos damos cuenta, pero cuando alguien nos dice que estamos viviendo una negación, persistimos en que no es así. Digo, generalmente. Al menos, a mí me pasa.
Fue muy fuerte esta Navidad para mí. Lo fue viviéndola en soledad, porque elegí que así fuera, aunque no pude abstraerme del todo de los festejos ajenos, porque los vecinos hicieron gran jolgorio. Pero pude meditar acerca de mi forma de ser, de por qué ellos estaban allá, festejando y yo había decidido algo distinto. Entonces, cuál es mi manera, tenía que descubrirla aunque contaba ya con algunas pistas. Comencé a pensar, como ya he dicho antes, en la primera Navidad, sin ruidos, sin comilonas, en penumbras y pobreza. Era lo que yo anhelaba en mi interior, pero sabiendo que no es fácil, que mi sensibilidad tira para un lado, pero que mi mente no siempre acompaña sus razones, ¡pero es que no las tiene! He ahí lo que descubrí: mi sensibilidad, no tiene razones, simplemente "es", no admite discusión alguna. Y es así que si yo no la elegí, igual es mía, y convivimos juntas desde que tengo el ser. Que las decisiones que tomo, están condicionadas por ella, pero no determinadas. Podría haber elegido en función de la razón, de las convenciones sociales, pero elegí en función de lo que siente mi corazón, a sabiendas de que no sólo es lo mejor para mí, sino para los otros. Los que tienen que ver mis caras largas en las fiestas y reuniones, porque experimento de pronto un hastío y una saturación insoportables.
Pensándolo positivamente, fue algo bueno para mí y para ellos, porque al ir a verlos hoy, cuando tuve de verdad ganas de verlos y de estar con ellos, mi actitud fue muy distinta y la de ellos también. Pude compartir el almuerzo con una serena alegría. Y quisiera finalmente, compartirles una fotografía que tiene gran significado para mí. ¡Cuántas veces reí sin ánimos de hacerlo, sólo para la cámara! No podría contarlas. Esta risa, vino del corazón, y mi sobrina, me abrazó fuertemente y reía con grande y contagiosa alegría. Fue un instante hermoso que atesoraré por siempre. Pienso... esto es la Navidad: sencillez, gracia, alegría sin estrépitos, humildad, serenidad del alma...
No llevé regalos para nadie, pero me di cuenta de que ellos, inmersos en tantos regalos que habían recibido de otros, y en cosas materiales, no esperaban eso de mí, sino sólo mi presencia. Incluso mi pequeña sobrina de dos años, la personita más inocente y pura de todos, me recibió con la alegría que se recibe un regalo. No olvidemos que estar presentes, acompañar, es el mejor de los regalos. Al fin y al cabo, eso significa "presente". Ser un presente para alguien, es una maravilla. Antes, me sentía
No llevé regalos para nadie, pero me di cuenta de que ellos, inmersos en tantos regalos que habían recibido de otros, y en cosas materiales, no esperaban eso de mí, sino sólo mi presencia. Incluso mi pequeña sobrina de dos años, la personita más inocente y pura de todos, me recibió con la alegría que se recibe un regalo. No olvidemos que estar presentes, acompañar, es el mejor de los regalos. Al fin y al cabo, eso significa "presente". Ser un presente para alguien, es una maravilla. Antes, me sentía
un
estorbo, ya no.
jueves, 25 de diciembre de 2014
Reflexión II: Sobre El Debido Uso Del Tiempo
Introducción: La prisa logra que poco a poco vayamos perdiendo el rumbo, el sentido de orientación en nuestra vida.
En la mitología griega, se narra que Cronos (*1), el dios que personificaba al tiempo, devoraba a sus propios hijos al nacer. Cuántas veces, nos dejamos angustiar y hasta llegamos a desesperarnos por el veloz paso de los días, de los meses, de los años... Y somos así, "devorados", de alguna manera, por este dios impiadoso e implacable.
miércoles, 24 de diciembre de 2014
Hace unos años...
No ha pasado tanto tiempo, si lo pienso... ¿Tal vez tres o cuatro años? Suficiente como para haber dilucidado unas cuantas verdades, para haber soltado amarras y comenzar a ensayar un nuevo vuelo.
No es que antes no volara. No es que no volara alto. Pero volaba distinto. No sé, quizás ha variado mi plumaje; lo noto ahora más colorido y brillante y más candorosamente desordenado. Mis ansias de volar alto no dejan de estar presentes y a eso puede deberse que se hayan desordenado mis plumas y que el sol las haya tornado más brillantes y que mi peso en las alturas, ya no se sienta tanto. Pareciera que me elevan sin esfuerzo de mi parte y que, con las alas desplegadas, permanezco en el aire sin fatigas, suavemente llevada por el viento.
Creo que, cuando me tomaron esta foto, mi mente cavilaba demasiado. Había en mi cabeza un torbellino de ideas, un rumor irritable y constante. No estaba mal... pero tampoco bien y ni siquiera sé si hoy lo estoy, pero eso, no me preocupa tanto como antes. Tenía muchas lágrimas por llorar y aún me restan muchas. En eso, no ha variado mi existencia. Pero ahora soy más permisiva con la risa. Me permito estar alegre sin motivos aparentes y ni yo misma sé, a veces, por qué me río o qué me causa gracia. Me hace bien reír, me sienta bien, me vuelve a instancias de mi vida que creía perdidas para siempre, como la infancia o la parte más jocosa y desenfadada de la adolescencia.
En esto, pienso que han tenido mucho que ver mis pequeños y no tan pequeños alumnos. Porque se ríen de cosas que parecen tontas o sin sentido por tan simples. Y se ríen con tantas ganas, que contagian. Y contagian también, un poco de su perspectiva ante la vida, de su visión cuasi mágica del mundo, de su sincretismo de ideas donde conviven en paz y armonía las hadas, los duendes, las sirenas y los unicornios, junto a la realidad más cruda y ese desenfrenado amor por las tecnologías que los atraviesa.
¡Yo aprendo tanto de ellos! No sé si ellos, aprenderán tanto de mí. Y son tan dulces, que por momentos, me vuelvo una chiquilina más. ¿Cómo explicarlo? Me siento niña otra vez. Esa niña que guardé hace mucho tiempo en el arcón de los recuerdos, se asoma cuando ella quiere, traviesa, juguetona, con una sonrisa dulce y amable, sin malicia.
Lo único que me produce temor, es la blandura de ese corazón. En esos momentos, me transformo en un ser totalmente vulnerable, inocente y confiado.
martes, 23 de diciembre de 2014
El regreso
Miró hacia la luz y se alegró pensando en la alegría de la casa. Sentía el frío tenaz y mientras caminaba, apresuraba el paso descontando baldosas y adoquines. Los muros se alzaban hostiles a diestra y a siniestra. La calle se angostaba gris y húmeda, desolada y mezquina de faroles. Sin embargo, sentía latir tibio el corazón dentro del pecho. Tornaba cada tanto la mirada al primer piso del cual surgía aquella luminaria como faro que guía al navegante al puerto seguro. Le pareció de pronto, que aquel primer piso, ganaba en altura y que, cuanto más cerca de sus pasos estaba la anhelada vereda, el corazón más fuertemente y más cálidamente latigueaba su pecho.
Emoción. Se sabía esperado. Alguien... lo esperaba y había dejado encendida la luz y corridas las cortinas. Frotó las manos heladas y les sopló su aliento. Sonrió y hasta sus ojos sonrieron. Él se dio cuenta pero era algo que no podía explicar. ¿Cómo podía reír con la mirada? Y sin embargo, lo experimentó con certidumbre.
Ya no sentía el cansancio mientras aceleraba el paso. Estaba ya muy cerca... Tan cerca, cuando lo acució un desasosiego repentino e inexplicable. Pero no aminoró la marcha. Alzó los ojos hacia el cielo estrellado e hinchó de aire fresco sus pulmones. Volvió a frotar las manos y se halló ante el umbral. Tuvo miedo y se quedó inmóvil un instante ante la puerta, cuando notó que sin mediar llamado alguno, lentamente se abría. Un rostro sonriente se asomó, disipando los temores y las dudas y todos sus huesos y músculos se aflojaron a un tiempo, mientras el calor, retornaba a su cuerpo y a su alma, que ya languidecían. Unos brazos abiertos lo estrecharon fuertemente en un abrazo y suspiró rebosante de alegría. Se miraron a los ojos un momento, sin mediar palabras porque las palabras, no eran necesarias. Sabía que a lo lejos, alguien se había asomado a la ventana y lo esperaba con ansias quizás mayores aún que las que él tenía por llegar. Al fin, entró y sintió el exquisito aroma de la cena recién servida y aún humeante. El corazón
Los seres de la luz
Un camino tachonado de diamantes,
se ven fuentes cristalinas a los lados
de donde manan seres luminosos
como luciérnagas
que se encienden en la noche.
apostado en lo alto,
alzo los ojos, miro en silencio
y descanso...
Alrededor, danzan los seres de la luz
como destellos
y cantan una canción desconocida
indescifrable y hermosa
que embeleza mis oídos
y que me deja absorta.
Los seres de la luz
acompañan mis pasos,
se adhieren a mi cuerpo
y a mis manos,
ellos dibujan un paisaje nuevo,
se estremecen de amor
porque el amor es aire
que respiran
y alimento y bebida...
No beben otra cosa
ni acercan a su boca
otra comida.
¿Cómo respiran?
-Amor es más que aire,
me aseguran,
más que luz
y que cuanto alcance
a comprender el alma
que a él se asoma
siempre tímida.
Alma, ¿cómo no te arrojas?
El amor te sostiene,
él es tu escudo, tu arma
y tu corona.
Con él, toda batalla
está ganada,
pero no mires hacia atrás,
atrás está el vacío,
el acuciante desertor
de las horas perdidas.
Ya no hay desierto...
camina que, bajo tus pies descalzos
comienzan a brotar
las flores nuevas,
aún más hermosas, perfumadas
¡y el cristal, no se quiebra!
Los seres de la luz
quedan absortos
y yo con ellos caigo
en un profundo sueño...
No diré qué he soñado,
ni cómo acompañaron mi camino
librándome, tomándome la mano.
¡Qué bellas esas fuentes
a los lados!
¡Cómo ilumina el sol
el agua clara, y comprendo...
es de allí, de allí proceden.
De allí, toman el ser
y luego viven
como alegres luciérnagas
que iluminan la noche.
31/08/2014
domingo, 21 de diciembre de 2014
La Cruz

La cruz, la simple cruz, rústica, inacabada. La de retablo incierto pero no inconsistente. De madera grisácea, más bien, amarronada. La concreta.
Forjada de un árbol noble que con otros, engalanaba el monte o algún bosque pletórico de especies vegetales. Árbol en cuyas ramas, anidaban las aves, acurrucadas ante el frío tenaz de las noches de invierno, y que llenaban con sus gorjeos alegres la alborada. De fronda espesa bajo la cual solían refrescarse peregrinos o trabajadores fatigados, que reposaban del ardiente estío.
Pero he aquí, el destino ineludible, el leñador lo sondeó, lo vio sin oquedades, sin atisbos de podredumbre en la corteza, ni de gusanos corroyendo la madera y le agradó su porte, austero pero firme; le pareció propicio para múltiples usos. Decidido, imperturbable, asestó un golpe certero, con su brazo recio y su herramienta por demás, bien afilada. Sólo el estrépito seco de su hacha tajante resonó por los rincones de aquel bosque. Lejos rodaron los nidos y los trinares de pájaros alegres. Puso fin a la historia de aquella sombra fresca en el verano.
Primero, se secaron las hojas en un montículo ignoto que se formó en el suelo y luego el tronco, se fue deshidratando poco a poco, agonizando en trozos. El aprendiz de carpintero, al fin empleó su oficio, mas no con mucha diligencia, pues la ocasión no lo valía. Apenas una cruz, era el encargo. Un aprendiz cualquiera era el más probo para llevarlo a cabo. Una de vigas cruzadas, no hacía falta pericia, sólo encastrarlas firmemente como para sostener el peso necesario, inerte. Se tomaron medidas, no muchas, pues como queda dicho, la ocasión, no lo ameritaba. Sólo las suficientes, el largo de un cuerpo, un poco más y el ancho de unos brazos abiertos.
He aquí el árbol, convertido en patíbulo por pérfida ocurrencia humana; elemento eficaz de vil tortura, de humillación y muerte. Dos inocentes ya inseparables en un mismo destino, clavados ambos, llorando el árbol aún la muerte de su savia. Hecho cruz, anclada en la tierra rocosa, taladrando el suelo.
La cruz, de la cual pende el cuerpo lacerado, el corazón aún latiente, apenas latiente, del condenado. La de gruesas astillas que desgarran aún más las carnes desangradas. Ahora empapada, roja, multicolor, vibrante. La señalada, hacia la que todos miran sin lograr quitar de allí la vista, aunque en principio espante y estremezca. De pronto, no eran ya los cánticos de aves que se oían, sino sollozos, gemidos y lamentos que rasgaban esa atmósfera trágica. Y una melodía suave, angélica, percibida por pocos, se vertía copiosa en el espacio.De pronto se volvía sombra fresca bajo la cual todos pudieran refrescarse, descansar. La cruz, la rústica y sublime, toda en una. La cruz de luz. La de madera inerme, quizás tosca. La clavada en lo alto, en una cima, erguida en su misterio impenetrable. La que sostiene el cuerpo atormentado. Sobre ella yace el inocente muerto y desde abajo los culpables miran.
Aquella que en el tiempo se tornó herrumbre y partículas dispersas en el aire, mas perpetuada en la memoria, aparece aún entera, inalterable.
Reflexión
Comunicación
El aire
comunica, es apertura: le permite a la brisa fluir y aún al mismo huracán, no
lo detiene. Está en ambos y los acompaña
en su recorrido, pero no es la brisa, ni es el huracán. Él, se permite ser… a
veces es serenidad, otras veces fuerza que arrasa, pero no pierde su esencia de
ser simplemente “aire”.
Está bajo la
tierra, para no sofocarla; está en el agua, en las alturas vuela entre las
nubes y se contamina en las grandes urbes más densamente pobladas. Se renueva entre las altas y magníficas arboledas
de los bosques, pero también se complace permaneciendo en la llanura, escondido
entre las florecitas que ocultamente crecen en los prados.
Alimenta el
fuego, y aviva la última chispa para que no se apague. Está presente en el
suspiro de un niño entredormido y no desiste hasta el último aliento de aquel
que se despide de esta vida.
Está en tus
pulmones y en tus venas: sin el aire, no vives, no respiras… Tu corazón, no
late. El aire está entre tus palabras y
las mías, tornando audible cualquier ruido o sonido.
Sin embargo, no
lo vemos, no tiene una entidad visible ni una forma definida que podamos
apreciar o describir sino que sólo lo podemos sentir y percibir.
El aire, es un
misterio para el hombre, pero apenas una imagen de una realidad suprema que lo
trasciende mucho más.
Cuando puedas,
retírate a un lugar tranquilo donde puedas reposar. Respira hondo, toma consciencia de cómo el
aire que entra en ti, te recorre por dentro, llevando vida a cada parte de tu
cuerpo. ¡Aún los pequeñísimos poros de
tu piel, respiran! Por eso, también
siéntelo en tu piel, acariciándote con su frescura y con su suavidad. Déjalo que te abrace, ¿a dónde te transporta?
sábado, 20 de diciembre de 2014
viernes, 19 de diciembre de 2014
lunes, 15 de diciembre de 2014
Texto de 1998
Desde ayer, estuvieron dando
vueltas en mi cabeza tantos pensamientos abrumadores. Algunas cosas se retienen fácilmente en la
memoria. Otras, en cambio, es preferible echarlas al olvido para no evocarlas
ya nunca. Pero esos recuerdos
alborotados, que bogan por salir… Es
difícil retenerlos o ahuyentarlos. Están
ahí, a veces escarneciendo la mente y el corazón. No quisiera pensar tanto ni dejar que pululen
en mi interior tantas ideas vagas, fortuitas, desesperanzadoras. Lucho por mantener la fe y la esperanza
vivas, como la luz de un candelero en la oscuridad,
domingo, 14 de diciembre de 2014
Nunca mío 04/08/2014
Nunca mío, diré…
Tu risa por la tarde,
tu voz que no recuerdo
y esos ojos ausentes…
Nunca míos.
Serás de las montañas,
de las aves que vuelan,
del lecho en que descansas,
del candor de tus hijos,
del hogar que te guarda,
de la mujer que amas…
De las rosas serás,
de las estrellas;
del asfalto que pisas
del fuego que te abriga.
Serás del aire, del sol…
aún de la lluvia.
Y de la vida serás
mas nunca mío.
de las estrellas;
del asfalto que pisas
del fuego que te abriga.
Serás del aire, del sol…
aún de la lluvia.
Y de la vida serás
mas nunca mío.
Tu risa por la tarde,
tu voz que no recuerdo
y esos ojos ausentes…
Nunca míos.
Serás de las montañas,
de las aves que vuelan,
del lecho en que descansas,
del candor de tus hijos,
del hogar que te guarda,
de la mujer que amas…
Porque jamás lo fuiste,
porque, aunque te buscaba
sin ser indiferente
fuiste esquivo.

Porque no me encontraste
donde yo te esperaba,
porque nunca llegaste…
¡Nunca mío!
Te anhelaban mis labios
pero no los besaste…
Se cerraron mis ojos
cansados de esperarte.
Y me aferré a otro sueño:
sabes, tú y yo, felices
ya no en la misma casa,
ya no esposo, no mío.
Te soñé una familia
que te abrace dichosa
y tres lunas plateadas
encendieron tu noche.
Te dejé, no sin duelo,
me alejé, no sin llanto
como se deja el sueño
más ansiado y querido.
porque, aunque te buscaba
sin ser indiferente
fuiste esquivo.

Porque no me encontraste
donde yo te esperaba,
porque nunca llegaste…
¡Nunca mío!
Te anhelaban mis labios
pero no los besaste…
Se cerraron mis ojos
cansados de esperarte.
Y me aferré a otro sueño:
sabes, tú y yo, felices
ya no en la misma casa,
ya no esposo, no mío.
Te soñé una familia
que te abrace dichosa
y tres lunas plateadas
encendieron tu noche.
Te dejé, no sin duelo,
me alejé, no sin llanto
como se deja el sueño
más ansiado y querido.
Me alejé saboreando
mi soledad amarga
y así, pasó la noche:
nunca mío.
El sol salió glorioso
un día inesperado
invitándome a andar
otros caminos.
mi soledad amarga
y así, pasó la noche:
nunca mío.
El sol salió glorioso
un día inesperado
invitándome a andar
otros caminos.
Cada tanto, te sueño
pero no estás conmigo.
A veces, te recuerdo
pero voy olvidando…
No quiero atesorarte
pues otros te atesoran,
estabas para otros,
no por mí, estoy segura.
Y al fin,
pero no estás conmigo.
A veces, te recuerdo
pero voy olvidando…
No quiero atesorarte
pues otros te atesoran,
estabas para otros,
no por mí, estoy segura.
Y al fin,
hallé mi historia,
la propia, la que como un torrente
sobre mí se desborda.
la propia, la que como un torrente
sobre mí se desborda.
La que me trae aludes
de sentires vibrantes.
me encontré al fin
cuando no me buscaba.
de sentires vibrantes.
me encontré al fin
cuando no me buscaba.
Saber que estuve dentro…
¡tanto tiempo esperándome!
Ya hoy puedo entregarme
al aire y a las rosas
y caminar cantando
otras canciones.
Y titilan estrellas
por todas partes, ¡mías!,
tantos ojos brillantes
que su amor me prodigan.
No eras tú, al fin de cuentas,
pues dentro de mi alma
encontré aquel amor
que por fuera, buscaba.
¡tanto tiempo esperándome!
Ya hoy puedo entregarme
al aire y a las rosas
y caminar cantando
otras canciones.
Y titilan estrellas
por todas partes, ¡mías!,
tantos ojos brillantes
que su amor me prodigan.
No eras tú, al fin de cuentas,
pues dentro de mi alma
encontré aquel amor
que por fuera, buscaba.
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