Una lágrima del cielo
Rodó por mi frente,
Comprendí que ya
comenzaba a llorar.
Elevé mis ojos,
y lo vi muy azul,
Creando mi propio espacio para dar a conocer mis producciones plásticas y literarias... Mi mundo interior.


¿Cuántas veces, el silencio nos reclama a lo largo del camino?... pero seguimos de largo, inmersos en el ruido y en la monotonía. Nada bueno se gesta en la vorágine, por el contrario, allí es donde encontramos poco a poco la muerte, y sólo eso: vacío y soledad.
El fruto del aprendizaje, es, como dije antes, la toma de consciencia, la aceptación, encontrar la paz en medio de la tormenta, y no buscando con desespero que ésta acabe. Saber sacar provecho de estas situaciones, implicará que nos convertiremos en personas más fuertes, mejor provistas para el combate, más expertas y sobre todo, más humanas y más sensiblemente vivas. En la vida en general, hay una alternancia de situaciones que llamamos buenas o malas. Somos nosotros quienes las identificamos o definimos según el modo en que nos sentimos al pasar por ellas. Esto no significa que lo que consideramos malo, lo sea en un sentido objetivo y pleno. Tampoco aquello que consideramos bueno. Tenemos natural tendencia a subjetivarlo todo, hasta que despertamos a una realidad más elevada y espiritual y comenzamos a ser capaces de entender que ni todo es tan malo como lo pensamos, ni todo es tan bueno. Empezamos a apreciar los detalles y también la simplicidad detrás de cada situación.