martes, 24 de marzo de 2015

Profecías II 01/09/2014

La soledad del trueno
estrépito de sinrazones
horizontes oscuros
y lejanos destellos.

Destila el cielo
una humedad cuajada
vertida en las entrañas
del océano.

Allí, los submarinos
y los monstruos marinos
se sofocan en el calor
que sube hasta las nubes.

Es incontenible...
la humanidad no puede
rehuir ese flagelo
tan terrible.

La tierra se estremece
y la luna se esconde
en su propio quebranto;
el agua conocida: ¿a dónde está?




Se ha evaporado
y tiembla desnuda
la roca que descansaba
en lo profundo.

Por la furia del viento
los árboles de a poco
van cayendo... desaparecen
el alto y el pequeño.



Se mueven las sombras lastimeras,    
más que nunca
pues queda poco tiempo
a sus lamentos.

Y más nunca se oirán
sus quejumbrosas voces
quedando sepultadas
bajo el portal eterno.

El corazón del hombre
por libertad gritaba
y ya no se oye un grito
ni ya se ve una lágrima.

En el rostro, el espanto,
en las manos unidas
la plegaria encendida
sube a las cumbres, hasta el cielo.

La plegaria del alma
se ha unido a aquellas almas
que han hincado las rodillas
dispuestas para orar.

Al unísono
responden otras voces
y se alzan como un himno
hacia lo alto.

Y miras otros rostros
que te miran;
en un mismo sentir
se elevan oraciones.

Al fin se reconocen 
los unos a los otros
y al fin llaman
al hermano, hermano.

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