martes, 24 de marzo de 2015

Profecías I 30/08/2014

Sonaron las campanas 
una a una,
las estrellas del cielo
iban cayendo.

Se aventuraba el viento
en remolinos
y en feroces esfuerzos
lo suspendía todo en andanadas.

Avanzaban lentamente
multitudes... no escuchaban
y apenas vislumbraban el camino,
arrasadas de aire y de quebranto.

Sollozaban las horas
un lamento de espera,
no vacilaba el tiempo
en su camino.

Uno... dos, avanzaba,
tres y cuatro... seguía.
Cinco y seis... y hasta el séptimo;
luego retrocedía.

La nada en el abismo
fangoso y doloroso,
la nada estremecida
de vientos y fragores.

Viento sur: sopla y suena.
Viento sur: sube  y baja
en las alas del águila
dorada y calcinante.


Es de luz y de fuego:
a unos quema, a otros
su calor vuelve a la vida
luego del gélido invierno.

¡Sumérgete en las aguas,
sube al monte,
arrójate a la tierra,
refúgiate en los médanos!

No hay escape...
pues ves, todo es silencio,
tórnate a ti, 
a ti vuelve la vista.

Inclínate y escucha
lo que nunca has oído:
un trueno... la voz
de un trueno que te habla.

Como una queja contra ti,
irrumpe indómita
adentro de tu alma
y abre el lugar secreto.

Allí te desconoces,
no te crees a ti mismo,
no te cuentas y sabes
que no eres de fiar.

Y te avergüenzas... feliz vergüenza,
te trae del vacío hacia la luz.
Llegaste al fin
adonde de ti mismo te ocultabas.


No sabías qué eras...
lo que eras,
no sabías quién eras,  mas ahora
tienes un nombre nuevo.

Eres llamado
y puedes escuchar;
ha huido tu sordera
y ya respondes.


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