Un hombrecito de lata
Me sonreía en un sueño
Cuando un rayo de luz blanca
Pintó en su frente un destello.
La bailarina danzaba
Y una hormiguita dorada
Ornamentaba la seda
Que finamente llevaba.
Allí mismo, había un payaso
Descolorido y muy triste
Con dos lágrimas brillantes
que de sus ojos colgaban.
Alrededor todo era
Alboroto y alegría…
Imágenes que aunque quiera
Contarlas yo no podría.
Mas aquel payaso triste
La atención me demandaba,
Su honda tristeza sentía
Y no podía hacer nada.
Por fuera todo girando
Y girando me arrastraba
Hacia un mundo imaginario
Que tanto me deslumbraba.
Luego vi esas gruesas lágrimas
Convirtiéndose en diamantes
Que a la luz de pleno día
Mil colores irradiaban.
Yo los tomé con mis manos
Tornándome hacia el payaso
¡al fin le devolvería
Los colores que buscaba!
Pero el payasito triste
No musitó una palabra…
Vi en sus manos los diamantes
Trocándose en piedra opaca.
Al fin entreabrió los labios
-¡Déjalo, no me hace falta!
Y me causó tal dolor
Que me brotaron del alma
Unas lágrimas enormes
Y de color esmeralda.
El sol brilló sobre ellas
Y brilló sobre el payaso
Y de pronto mil colores
Lo cubrieron y llenaron
Dibujando una sonrisa
Roja y nítida en sus labios.

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