Año 1994 (15-16 años de edad)
El tiempo pasa entre nosotros
pero no nos lleva...
No nos arranca de este suelo
ni del cielo.
El tiempo pasa
como pasa la lluvia:
nube gris,
deshecha en finas gotas.
Si tus brazos fueron alas
y volaste,
y no entendí,
tal vez ahora, lo comprendo...
El tiempo
ya no te tiene prisionero
y las horas no existen,
¡se detuvieron todas juntas ese día!
A las noches oscuras, las encendieron
las luces titilantes
de las tantas estrellas que descubrí
al mirar al cielo, buscándote.
Como al principio el sol
se me apagó estallando en mil pedazos...
Mi pequeño, mi dulce viajero,
el sol, no había estallado
¡eran mis ojos!
y las gotitas de luz
sólo eran lágrimas.
Año 1994 (15-16 años de edad)
Te he estado buscando
en los valles de mi vida,
en las altas cumbres,
en las cavernas sombrías.
Creía que a volar
te habían llevado los pájaros;
o que te había evaporado
el sol, como al rocío.
Te he estado buscando
en lo profundo de los mares,
en la anchura de mis penas,
entre capullos florecidos.
De ti, me hablaron hoy
las golondrinas;
te hallaron entre amores
tan inmensos como tristes.
Te he estado buscando,
pero estabas conmigo,
hoy hay que renacer:
¡es primavera!
Año 1994 (15-16 años de edad)
Quiero volver a ese lugar mágico
para correr otra vez
por sus calles dibujadas.
Quiero inventar un camino a ese mundo,
donde la libertad
no es sólo una palabra.
Quiero sentir que estoy amando
para poder descubrir
que estoy viva.
Quiero volver a ese lugar mágico
que me llama en los sueños
y que tanto conocí de niña.
No sé si sus calles me recuerdan,
ni siquiera sé,
si es remota su existencia.
Tiene árboles dorados de luz,
cuyas hojas nunca se secan,
allí ilusiones y esperanzas
se cuentan como flores eternas.
Sólo quiero volver para saber
que en algún sitio hay
alguien que me necesita y me espera.
Año 1994 (15-16 años de edad)
Iba desterrándote la vida en su afán,
del suelo y de la cumbre
desde donde se veía el sol...
Y no estaba tan alto tu nombre
cuando aquel huracán
te arrancó de la tierra y de la flor.
No volaba aún tu sombra
por el cielo de las aves melancólicas,
ni aún el pensamiento
y la elección ingenua de tu vida
al sentir la paz de una mirada
que no te abandonaba.
No sabía dónde buscarte,
dónde encontrar tu cara
enterrada bajo el sol
y la miseria de un cielo sin respuestas.
Iba desterrándote la vida en su afán,
y no te hallaron el día ni la noche
en un lugar que a veces, deja de existir...
Y no entendiste nada.
Maldije la idiosincrasia y la estupidez
del lugar que te guarda.
En mi mente tu figura,
tu forma nebulosa,
tu mirada sin límites
y tu vida que fluye lejos de mí.
Tengo miedo de que la noche
me sorprenda sin sosiego
un día antes de hallarte.
Que no seas el mismo,
que yo no sea la misma y que tu voz
ya no tranquilice mis pensamientos.
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