lunes, 19 de diciembre de 2016

Reflexión IX Cuando el corazón se cansa de los engaños y mentiras...




¿Quién en mayor o menor medida, no lo ha experimentado en su propia vida? Siempre me he preguntado la razón de ser del hombre mentiroso. ¿Cuáles son los intrínsecos motivos que lo arrastran a este tipo de actitudes y comportamientos corroyendo sus propias vidas y las de quienes lo rodean? No me refiero a cualquier persona que en cualquier momento, puede caer en una mentira, sin premeditación. Los mentirosos a los que me refiero, tienen en sí esta característica, y es la de premeditar, elucubrar, inventar historias, entretenerse en esos pensamientos. Realmente, hay quienes terminan haciéndose adictos a la mentira que los lleva también a intimar con una de sus parientes más cercanas, que es la manipulación. Porque quien miente decidida y voluntariamente, manipula, cambia la verdad, la tergiversa, la esconde, la sepulta… habrá mucho dolor alrededor del mentiroso, hasta que críe su fama y tenga que cargar en sus propias espaldas el peso de los sufrimientos que causó a otros. Luego, nadie creerá en sus patrañas, tal y como nos contaban cuando éramos niños, que ocurrió en la historia de Juanito y el lobo. Es de lamentar que parece siempre haber a su alcance una presa dispuesta a caer en sus redes de falso encantamiento y fascinación.

El mentiroso, llega a creer y tragarse sus propias falacias. No quiero, sin embargo, pensar que todo mentiroso compulsivo, miente coercitivamente para dañar a los demás, para burlarse, para sacar ventaja de ellos socavándoles su dignidad y utilizándolos luego a su antojo cuanta más ingenuidad y buena voluntad encuentre de parte de los otros. Quiero creer que algunos, ponen en práctica su plan como el único medio de supervivencia que su mente enferma logró desarrollar. Uno muy ruin, muy bajo, pero el único dada su peculiar bajeza. A estos, casi diría que no puede pedírseles otra cosa. Me he cruzado en el camino de mi vida con algunos de ellos y si bien al principio sentía rabia al descubrirme engañada, luego me daban pena. Porque eran seres infelices que vivían confundidos, inmersos en sus propios embrollos de pensamientos inútiles. Estos, creo, son más peligrosos para sí mismos, que para los demás. Porque en definitiva, la mentira a la que se habitúan, los acaba aislando y rebajando, quitándoles hasta la dignidad. Así es… los he visto caer en abismos infranqueables en pos de sus engaños.

Pero las artimañas inteligentemente planeadas para ruina de los otros… eso, es algo macabro. Caer en manos de alguien mentiroso y manipulador, puede constituir un verdadero calvario. Estos son los lobos disfrazados de corderos... difíciles de detectar cuanto más ingenua es la víctima.  Es que las mentiras de las que nos quieren convencer, no son sólo atractivas, sino que suelen rodearlas de planteamientos maravillosos, de una apariencia de bien extraordinarias… pero tarde o temprano, y ojalá sea más temprano que tarde, nos daremos cuenta de la oquedad que esconden no sólo sus palabras y promesas. Lo más terrible, sin embargo, no es el espacio hueco que dejan en nosotros esas palabras mentirosas, sino que antes, han ahuecado sus propias almas, transformándose en seres siniestros, gélidos y vacíos, oscuros y sin rostro de verdad, un invento más de sí mismos, la misma nada a la cual en su persistencia, serán lamentablemente reducidos.


Nada subsiste sostenido en el engaño, y si lo hace, es alimentándose de más y más mentiras. Por todo esto, sé que la verdad, y sólo la verdad es la maravillosa puerta que una vez atravesada nos conduce a la plenitud de la vida.  Aunque parezca difícil de sostener en todo tiempo, y no admita componendas ni adulteraciones. La verdad lisa y llana, como un puente tendido entre dos almas, es la que crea esa atmósfera de paz y de confianza entre seres de mentalidad sana, ávidos por conocer el bien y permanecer en él, con pleno convencimiento, honestamente y con integridad.  No vale la pena desanimarse.  Descubrir que hemos sido engañados, duele mucho cuanto más ilusiones y expectativas hayamos puesto en esa máscara de personaje ficticio que es el engañador.  Pero justamente por eso, hay que seguir adelante, porque la verdad es lo que siempre valdrá la pena.


Salmos 34:12-13

¿Quién es el hombre que desea vida y quiere {muchos} días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño.

Efesios 4:25

Por tanto, dejando a un lado la falsedad, HABLAD VERDAD CADA CUAL CON SU PROJIMO, porque somos miembros los unos de los otros.

Proverbios 12:22

Los labios mentirosos son abominación al SEÑOR, pero los que obran fielmente son su deleite.

Salmos 101:7

El que practica el engaño no morará en mi casa; el que habla mentiras no permanecerá en mi presencia.

Salmos 58:3

Desde la matriz están desviados los impíos; desde su nacimiento se descarrían los que hablan mentiras.

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