Creando mi propio espacio para dar a conocer mis producciones plásticas y literarias... Mi mundo interior.
lunes, 4 de julio de 2016
Reflexión VIII Un día como hoy... hace cuatro años.
Un día gris... y montones de razones para desanimarse y desistir. Esas que nunca faltan y a veces se agigantan y se tornan insoportables, a la medida de nuestra fragilidad. Pero hubo algo, un gesto amable, el regalo de un sonrisa sincera. Un oído atento para escuchar mi letanía de quejas sin interrupciones ni ánimos de aconsejarme vanamente. ¡No necesito consejos! Hoy pude reconocer el inmenso tesoro que se encuentra detrás de cada uno de estos pequeños detalles, que hacen soportable y hasta agradable la vida. Pero hay que estar atentos, perceptivos, abiertos. Quien cierra el corazón, no será capaz de apreciar estas pequeñas cosas y seguirá sumido en su desazón y su tristeza. ¡Pequeños gestos! Como el pan que se parte cada día en la Misa para ser compartido. Dios eligió lo pequeño, para manifestarse. ¡Cuánto misterio ocultan esas cosas que a veces nos parecen nimiedades! Estemos más atentos, porque no sabemos cuándo un ángel nos regalará su sonrisa, su palabra o tan sólo su presencia amable y su oído dispuesto. No me refiero a ángeles en el sentido espiritual de la palabra solamente, sino a esos muchos seres que Dios pone en nuestro camino cada día y de quienes debemos saber apreciar y agradecer su compañía. Ángel significa mensajero de Dios. Cada uno de nosotros puede ser exactamente eso para los demás: un mensajero de amor y de buenas noticias. Pero qué egoístas y cerrados solemos ser. Sin embargo, el amor está siempre a las puertas y no duerme ni ceja en su empeño por conquistarnos definitivamente.
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